Cinismo es un término usado para aludir a un individuo capaz de mentir o engañar sin remordimiento, sin vergüenza, con descaro.

Cuando una persona o grupo de personas ha o han actuado de manera evidente para obtener ciertos objetivos, han auspiciado personas para que ocupen cargos que les faciliten dicho logro, y en la memoria de la sociedad queda impregnada esta acción; se necesita ser verdaderamente cínico para negar su accionar en esos sentidos. Pero en Ecuador, a pesar de que la sociedad entera presenció cómo un consejo de “participación ciudadana” (conformado por adeptos al movimiento de un expresidente y sumisos a este, algo manifestado de manera abierta) nombra por varias veces un contralor con las más altas notas en un concurso, y luego ese expresidente alaba el resultado y califica como “de lujo” al beneficiado del concurso, resulta inconcebible que cuando dicho ganador del concurso es encarcelado en otro país por sospechas de corrupción, y ofrece “colaborar” dando detalles de sus “actos” y mencionar a otros participantes, entonces el grupo político que lo auspició, condecoró, calificó como “contralor de lujo”, salga hoy a desvincularse, a negar cualquier vínculo con él. Esta es una manifestación clara de cinismo.

El cinismo no merece la confianza de una sociedad, salvo de otros cínicos o de quienes resultaron beneficiados de la actividad del nombrado “por concurso”, en contubernio contra la sociedad que dicen representar. Escuchar declaraciones del movimiento que antes auspició y aplaudió el concurso y nombramiento, y a un expresidente que estuvo detrás del concurso y nombramiento, además de que evidencia cinismo extremo, despierta sospecha de que reaccionan por temor a verse involucrados por la colaboración del reo. (O)

José Manuel Jalil Haas, ingeniero químico, Quito