‘Tras cuernos palos’, es un viejo refrán popular que se puede interpretar como que después de suceder algo malo, se puede dar una situación peor. Eso le pasó a nuestro atribulado país; habíamos pasado 10 años de un nefasto gobierno, de represión, corrupción y saqueo; el gobierno que ejerce su mandato desde 2017, salvando algunas decisiones rescatables, no fue mejor. Los gravísimos problemas económicos y sociales con la pandemia se agudizaron. La pandemia sacó a flote la más infame de la degradación humana: los sobreprecios de las medicinas y los insumos médicos; sobreprecios en las bolsas para cadáveres manejadas por bandas carroñeras sin el más mínimo escrúpulo. Como siempre, la peste, cual jinete del apocalipsis, se ensañó con los más pobres.

El escándalo de los carnés entregados para el usufructo legal de discapacitados fue aprovechado por autoridades, jueces, asambleístas, acción repugnante que mereció el escarnio público, hasta el momento se desconocen los nombres de los beneficiarios de tan infame aprovechamiento, tampoco se conoce la acción de la justicia.

Como nunca en la historia de la humanidad apareció un enemigo silente, fantasmal en los cuatro confines de la tierra, la pandemia no solo mató en forma indiscriminada, sino que destruyó la economía del mundo y resultó mucho más letal que una guerra convencional.

En medio de tan inédita tragedia surgió la proverbial generosidad del pueblo guayaquileño, aunque inicialmente fue la ciudad más golpeada por la pandemia. Guayaquil por la patria, no solo es un simple lema, al contrario, Guayaquil se lo ha ganado a través de la historia, por sus acciones, por su compromiso, por su solidaridad, por su generosidad y patriotismo. En las luchas por la independencia el aporte de Guayaquil fue decisivo para alcanzar la libertad. En la defensa contra los ataques piráticos demostró su bravura y coraje; no se amilanó con los voraces incendios que casi arrasaron con toda la ciudad, se levantó como el ave fénix para seguir existiendo con más valor y energía. Combatió sin tregua las epidemias y endemias que asolaban nuestro trópico, la viruela, la tifoidea, paludismo, fiebre amarilla, peste bubónica; y sigue enhiesta y pujante. Aunque el peligro del contagio y muertes sigue latente, se hacen todos los esfuerzos para mitigar el dolor y la angustia que vivimos.

Paralelamente en esta situación de desesperación estamos frente a un sinuoso proceso electoral, sin garantías de transparencia, aparecen candidatos como los prestidigitadores que mágicamente ofrecen resolver todos los problemas que aquejan al país; así como los seductores que enamoran a sus pueblos y les ofrecen el paraíso, en donde se derrama leche y miel, o los audaces mesiánicos que sorprenden a la gente con un verbo que convence, y así quieren llegar al poder.

En este 2020 más parece que se abrió la caja de Pandora de la mitología griega, al abrirla se escaparon todas las desgracias y males que podían afectar al hombre y se extendieron por el mundo: enfermedades, sufrimientos, guerras, hambre, ira; lo único que no se escapó fue la esperanza, eso anhelamos para el 2021. (O)