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El limbo

Ecuador quiere cruzar el umbral pospandemia, pero se ha quedado en el limbo. Las restricciones sanitarias lo mantienen semiparalizado. El repunte del COVID-19, sobre todo en Quito, ha reactivado las alarmas manteniendo en vilo a la población. Al tiempo, una sucesión de acontecimientos nos pone en un estado de erosión regresiva, parecido al fenómeno de la cuenca alta del río Coca, en momentos que se ha iniciado la recta final del Gobierno.

La corrupción en la administración y construcción de hospitales, capitaneada por el exasambleísta Mendoza y el legislador Azuero vinculados al oficialismo, así como la compra de medicinas con sobreprecio, que para colmos se roban; y el escándalo de los carnés de discapacitados, que salpica a jueces y diputados, que permanecería en la clandestinidad de no mediar la accidentada fuga del ‘empresario’ Daniel Salcedo, marcan la pauta de una sociedad enferma que necesita de terapia intensiva.

Un cuarto relevo en la vicepresidencia en la persona de Alejandra Muñoz, eficiente y competente exdirectora de Aduanas, en apenas tres años, es síntoma inequívoco de los gravísimos problemas de gobernabilidad que ha tenido un régimen minado por sus contradicciones.

Entretanto, proliferan las precandidaturas presidenciales como confeti configurando un panorama electoral difuso con aires de feria de vanidades donde se exhiben gigantescos egos.

Lo paradójico es que, a pesar del desgaste de Lenín, Otto se mantenga bien posicionado en las encuestas. Tocará medirlo ahora que ya no es Fotto y que ha tornado su intensa exposición mediática por un discreto perfil, a la espera del momento oportuno de lanzar su candidatura. En todo caso, tendrá que buscar un membrete distinto al tan viciado de Alianza PAIS.

Con la renuncia de Nebot, el plan A del PSC es sin duda Sonnenholzner, a pesar de que en su discurso de renuncia cargó contra la partidocracia. Y aunque se necesitan, está por verse si se acomodarán a sus respectivos intereses. Lasso, por su parte, se mantiene entusiasta y tesonero en campaña combinando sus actividades proselitistas con las de su programa humanitario destinado a las víctimas del COVID-19. Su desafío es sumar intenciones de voto sin contar con el factor de rechazo al correísmo que lo llevó a un paso de la presidencia en 2017.

Correa, en cambio, parece haber quedado fuera de juego con la ratificación de su sentencia por cohecho y el eventual desconocimiento de su movimiento Revolución Ciudadana, pero podría sorprender con una entente con los indígenas, sus aliados en la asonada de octubre.

Ante el decaimiento de ánimos debido a la pérdida de empleos y el cierre de empresas, ha sido motivo de renovado aliento el anuncio de que el país está próximo a conseguir una renegociación ventajosa de la deuda externa; una luz al final del túnel.

El ministro Martínez ha tapado la boca a sus críticos demostrando que es un profesional competente, que ha venido manejando el proceso con una visión estratégica que da resultados. Y que el pago que tuvo que efectuar en marzo a los acreedores tuvo por propósito mantener apoyos de la comunidad internacional que ahora son cruciales. (O)

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