Basados en conceptos y criterios psicológicos que leemos aplicados a la forma de conducir vehículos en Guayaquil podemos hacer un ejercicio:

Un ciudadano que se moviliza en su vehículo a su trabajo o una actividad diaria, se levanta tarde por trabajo, vio películas, juegos play, chateos, farras. Tiene que pasar dejando a sus hijos y esposa por centros de estudios y trabajo, dando velocidad a todo lo que normalmente hace con tiempo, bañarse ya no alcanza, lavarse la boca con premura, la taza de café la toma camino a coger las llaves del auto; a la par va gritando a su esposa e hijos por toda la casa que salgan, que ya están con retraso. Se embarca en su vehículo a terminarse de vestir, peinarse y comienza a pitar insistentemente hasta que salen los pasajeros. De ahí se transforma y la desesperación de no volver a ser multado por atraso en la oficina lo convierte en peligroso, creyendo que debe adelantarse a la columna de vehículos, cambiarse de carril, acelerar ante la luz amarilla del semáforo, pasarse la luz roja, los pare, coger el carril derecho para girar en U antes que cambie la luz verde, llegar a la puerta de la escuela y como no hay lugar donde estacionar deja el auto en doble columna para ingresar al alumno a la institución, ya que como está fuera de horario, las puertas están cerradas. Pobre de la persona que reclame el tiempo que está esperando que muevan el auto, hasta que el atrasado conductor deja al hijo en clase. Dicho conductor pasa de peligroso a extremadamente peligroso, pudiendo llegar al crimen no intencional hasta que llega a su trabajo, luego de haber tenido suerte de no haberse topado con otro chofer de sus mismas características que hubiera ocasionado la pérdida de vidas, de terceras personas, que tuvieron la desdicha de cruzarse en el camino.(O)

Guillermo Salvatierra Melgar,

Guayaquil