Ernesto Cardenal, poeta místico

22 de Febrero, 2019
22 Feb 2019
22 de Febrero, 2019 - 00h01
22 Feb 2019

El sacerdote y gran poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, de 94 años, ha vuelto a ser noticia mundial debido a que, hace poco, el papa Francisco le ha levantado la prohibición que le impedía oficiar misa y administrar sacramentos que le fue impuesta en 1984 por el papa Juan Pablo II. En ese entonces Cardenal era ministro de Cultura del primer gobierno sandinista y su postura en defensa de una iglesia popular le granjeó la animadversión de la cúpula vaticana. Pero Cardenal también ha sido perseguido por el socialismo del siglo XXI, que él ha cuestionado por haberse convertido en un régimen asesino como el de Somoza.

La vida y la obra de Cardenal son un tesoro para la humanidad porque dan cuenta de un recorrido con sobresaltos profundamente humanos. No pierden vigencia sus Epigramas (1961): “Yo no canto la defensa de Stalingrado/ ni la campaña de Egipto/ ni el desembarco de Sicilia/ ni la cruzada del Rhin del general Eisenhower:// Yo solo canto la conquista de una muchacha.// Ni con las joyas de la joyería Morlock/ ni con perfumes de Dreyfus/ ni con orquídeas dentro de su caja mica/ ni con Cadillac/ sino solamente con mis poemas la conquisté.// Y ella me prefiere, aunque soy pobre, a todos los millones de Somoza”.

Otro inmenso logro fue hacernos palpar con sus Salmos (1964) que la espiritualidad es un suceso moderno, contemporáneo, vigente: “Bienaventurado el hombre que no sigue las consignas del partido/ ni asiste a sus mítines/ ni se sienta en la mesa con los gangsters/ ni con los generales en el consejo de guerra/ bienaventurado el hombre que no espía a su hermano/ ni delata a su compañero de colegio/ bienaventurado el hombre que no lee los anuncios comerciales/ ni escucha sus radios/ ni cree en sus slogans./ Será como un árbol plantado junto a una fuente”.

Cardenal renovó la poesía latinoamericana con el giro que se llamó poesía conversacional, cuya Oración por Marilyn Monroe (1965) subrayó la sacralidad de lo mundano. No en vano, a lo largo de su vida como sacerdote, Cardenal apostó vivir un cristianismo simple en el contexto centroamericano. Su amiga y estudiosa de su obra, Luce López-Baralt, ha revelado la intensa dimensión mística de todos los escritos del poeta: “Incluso el vestido que adopta el poeta –cotona blanca, blue jeans, sandalias– es el atuendo del campesino nicaragüense que usa como hábito religioso, en imitación de los monjes del Medievo, que se vestían como los pobres de su tierra”.

El Cántico cósmico (1989) parece una épica cosmológica: en sus casi 600 páginas, dice Luce, el poeta canta “a los espacios interestelares, a los átomos infinitesimales, a las galaxias nacidas del big bang y a los tigritos tiernos en las fauces protectoras de su madre, a las campesinas del Cuá, al triunfo sandinista y a los cuadros de Klee”. En Cardenal la palabra es la amorosa expresión de lo humano y lo divino: “Es una constante en la naturaleza/ la belleza./ De ahí la poesía: el canto y el encanto por todo cuanto existe./ La tierra podría haber sido igual/ de funcional, de práctica,/ sin la belleza. ¿Por qué pues?”. (O)

Ernesto Cardenal, poeta místico
Ernesto Cardenal, poeta místico
2019-02-22T00:01:08-05:00
El Universo

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