El balneario de Salinas fue construido totalmente por constructoras particulares que invirtieron su economía y conocimientos para ofrecer villas y departamentos a los amantes del mar y del descanso.
Por lo tanto, el único papel que los municipios debían desempeñar durante la duración de los alcaldes en su mandato era y es simplemente el mantenimiento de las calles y limpieza, para cobrar el impuesto cada año.
Los visitantes del acogedor balneario y de manera especial los que poseen alguna propiedad en la Península podemos ver que desde hace muchos años las calles del balneario están expuestas al polvo en el verano y a las inundaciones en el tiempo invernal con sus respectivos problemas, estancamiento de aguas que muchas veces se mezclan con las aguas servidas y los problemas en general al circular por las calles del balneario en el que aparentemente no existen inspectores ni policías municipales que cuiden el cumplimiento de las leyes municipales, pudiendo darnos cuenta de que en las playas de San Lorenzo propietarios de edificaciones que dan hacia el mar colocan grandes piedras para proteger sus viviendas del mar en lugar de buscar una solución técnica, impidiendo que los turistas puedan caminar por las playas.
Ojalá que los votantes del lugar sepan a qué calidad de alcalde van a elegir y no al que la ambición lo impulsa a ocupar esa dignidad edilicia. (O)
Édgar Diminich M.,
ingeniero, Guayaquil








