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Cultura de paz y no violencia

La cultura de paz es definida por las Naciones Unidas como un conjunto de valores, actitudes, modos de comportamiento y estilos de vida que rechazan la violencia y previenen los conflictos, abordando directamente las causas a fin de resolver los problemas mediante el diálogo y la negociación entre individuos, grupos y naciones.

Desde que se socializó el término hasta la actualidad se han realizado varias iniciativas que van desde análisis estadístico en relación al ámbito internacional hasta la adopción de medidas en el ámbito local, presentando una idea más clara de la magnitud del problema.

Los datos recopilados mediante estas iniciativas indican que si bien en algunos casos los episodios de violencia son inesperados y aislados, la mayoría de los actos violentos que sufren las personas se perpetra por personas que forman parte de sus vidas: familiares, amigos, novios compañeros de clase, de trabajo, profesores, empleadores, cónyuges y parejas, como observamos en los casos de femicidio y violación física, sexual y psicológica a mujeres en aumento en nuestra sociedad.

La violencia contra las mujeres y las niñas continúa siendo una pandemia mundial, una de cada tres mujeres y niñas experimenta violencia física o sexual a lo largo de su vida en su entorno de trabajo, familiar, social. Para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas es necesario aplicar un enfoque integral que consista en leyes más estrictas, mayor prevención, servicios de seguridad de mejor calidad, datos mejorados, exigir que los perfiles de las autoridades sean los idóneos para sus cargos administrativos, que posean competencias de planeación prospectiva y planificación para lograr resultados positivos de prevención.

Así también las leyes, políticas y programas dirigidos a eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas deben centrarse tanto en la respuesta a la violencia una vez que se produce como en su prevención antes de que ocurra siquiera, estas acciones deben ir encaminadas a poner fin a la violencia, acompañadas de programas que fomenten la igualdad de género y la no discriminación en todas las esferas, incluidas las referentes a la reducción de la pobreza y el desarrollo económico, la participación política activa de las mujeres en el tejido social, comunitario y económico del país.

Empecemos por eliminar la cultura patriarcal arraigada en nuestra sociedad que se esconde en los estereotipos e invisibiliza a las mujeres, las priva de derechos. Estereotipos que se encuentran en nuestra cultura y se los acepta como algo natural y normal, especialmente cuando no producen daños físicos visibles o duraderos. Para romper la espiral de la violencia, hay que transformar los ciclos viciosos en ciclos virtuosos, como manifestó Galtung. Trabajemos entonces para eliminar prejuicios, mitos y estereotipos y construir una cultura igualitaria, que garantice para todas las mujeres todos los derechos y una cultura de paz y no violencia, como la construcción de un día a día humanizado, reconociendo la diversidad y dignidad que les asiste a los seres humanos.

(O)

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