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Hamlet, venganza y manos en la justicia

10 de Junio, 2018
10 Jun 2018
10 de Junio, 2018 - 00h23
10 Jun 2018

La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca, es uno de los grandes monumentos de la literatura occidental. La obra, escrita por Shakespeare entre 1599 y 1601 y ambientada en la Dinamarca medieval, aborda el tema de la venganza. Hamlet y esa Dinamarca medieval tienen mucho que enseñarnos sobre la necesidad de un sistema de administración de justicia independiente.

Hamlet está deprimido. Su padre, el rey de Dinamarca, acaba de morir. Su madre, la reina, se casa con Claudio, quien pasa a ser el nuevo rey. Una noche, un espectro se le aparece, le asegura ser el fantasma de su padre, le dice que Claudio lo asesinó y le pide que vengue su muerte. Pero Hamlet duda. Trata de poner a prueba las palabras del fantasma y, cuando al fin se convence, deja pasar la oportunidad de matar a Claudio porque lo encuentra rezando y teme que, al morir, su alma vaya al cielo y no al infierno. Solo cuando han pasado cuatro actos y varios soliloquios sobre la naturaleza de la condición humana, “ser o no ser, esa es la cuestión”, Hamlet se decide a ejecutar la venganza. Hasta tanto, la falta de diligencia de Hamlet ocasiona la muerte de siete personas inocentes, cuya muerte no era necesaria para alcanzar la justicia.

Dice el juez Richard Posner que en Hamlet aprendemos sobre la necesidad de un sistema de administración de justicia independiente por su ausencia. El rey está por encima de la ley y a Hamlet solo le queda la venganza privada. Pero, como muestra la obra, la venganza es complicada y costosa. Primero, ante la falta de un sistema especializado de investigación y prueba, Hamlet demora demasiado porque no sabe cómo descubrir la verdad. Segundo, la venganza la lleva a cabo una persona inexperta e improvisada. Dice Hamlet a propósito de sí mismo que “la mano poco usada tiene la sensibilidad más delicada”. Tercero, el vengador, que es juez en su propia causa, tiende a magnificar el daño y a buscar un castigo desproporcionado, pues, en palabras de uno de los vengadores de la obra, “la venganza no debe tener límites”.

El correato empezó un ciclo de violencia en Ecuador, como el que Claudio empezó en Dinamarca. Esta violencia se concretó en utilizar el poder para perseguir a los adversarios políticos y desgraciarles la vida, y en disfrazar a unos gánsteres en empresarios y hacerlos millonarios. Esto fue posible porque se le metió las manos a la justicia. Los jueces estaban sometidos al poder político y los correístas, como Claudio, estaban por encima de la ley.

Ante la ausencia de un sistema judicial independiente, la venganza aparece como la única alternativa. Pero una sociedad de vengadores es ineficiente y violenta. Por eso es tan importante la destitución de los miembros del Consejo de la Judicatura, la derogación del error inexcusable como mecanismo de presión política, y el nombramiento de jueces independientes. Hamlet nos enseña que en un país donde la administración de justicia está en manos de criminales, todo está perdido.

(O)

Hamlet, venganza y manos en la justicia
La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca, es uno de los grandes monumentos de la literatura occidental.
2018-06-10T00:23:07-05:00
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