Es una realidad que parece lejana, que pretende no afectarnos, que simula ser indiferente, sin embargo, el sangriento atentado ocurrido en Niza pone en entredicho una serie de principios que guardan relación íntima con las libertades individuales propias de las democracias occidentales, permitiendo paralelamente la irrupción en determinados países europeos de fuerzas partidistas basadas en un populismo xenófobo o nacionalista, que irá alterando progresivamente el equilibrio político en los próximos años.
Me refiero inicialmente al punto de las libertades individuales que, como señalaba, constituyen un elemento básico de la democracia occidental. La reiteración de los atentados terroristas y la incapacidad de los cuerpos policiales de anticipar todos y cada uno de los viciosos actos de terror, han permitido que cada vez tome más fuerza la idea de que sí es posible aceptar en una democracia abierta la limitación de determinados derechos individuales en pos de una seguridad más completa y definida, con una dedicatoria especial a determinados grupos étnicos y/o religiosos. Insisto en que resulta importante la consideración política de tales ideas, toda vez que supone también una mayor injerencia del Estado, el cual se convertiría en un ente de permanente vigilancia y control; lo paradójico es que una de las metas del fundamentalismo islámico –aparte del terror– es poner de rodillas a la democracia precisamente en frente de sus propios principios, consiguiendo que la represalia contra los agravios del terrorista “se abata sobre la comunidad sin distinción”.
Eso significa que la lucha contra el terrorista implica una serie de interrogantes, no solo de carácter ético, jurídico o policial, sino también democrático. A propósito de ello, no se debe dejar a un lado la irrupción de partidos políticos ultra-nacionalistas y xenófobos, creando incertidumbre en el futuro democrático de los países occidentales, siendo el caso más notable el de Francia, en donde el Frente Nacional al mando de Marine Le Pen se ha convertido progresivamente en el partido más grande de dicho país, alentando abiertamente políticas ultranacionalistas y de antiinmigración, con definitivos sesgos de prejuicios raciales. El problema es que esas políticas impuestas a grupos inocentes consiguen generar el resentimiento y la frustración, de los cuales se alimenta hábilmente, en este caso el fundamentalismo religioso, para seguir impulsando la práctica del terror.
Posiblemente algunos tuvieron el valor de ver en su totalidad un video que circuló en las redes sociales, en el cual se veían los cuerpos destrozados y mutilados de niños y adultos, luego de la embestida del camión en Niza. Preferí no hacerlo y opté en su lugar por recordar la letra de esa inmortal canción titulada Imagine: “Imagine there’s no countries/ It isn’t hard to do/ nothing to kill or die for/ and no religión too/ Imagine all the people/ living life in peace…”, o en otras palabras, la utopía de John Lennon en su estado de mayor alteración. (O)










