En días pasados, la expresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, señaló que había recibido “llamadas muy lindas por la tarde”, las cuales tenían como objetivo darle fuerza y solidarizarse con ella ante lo que considera un hostigamiento por parte del actual Gobierno argentino. Entre las llamadas que recibió, Cristina Kirchner destacó la de Rafael Correa, quien le habría manifestado su preocupación y pleno respaldo ante la complicada situación judicial que atraviesa. Sin querer ser inoportuno respecto a los términos de un diálogo privado, sería interesante conocer los términos de la conversación, especialmente aquellos en los cuales la otrora poderosa gobernante le plantea sus quejas y lamentos a su dilecto amigo.

Hay quienes sostienen que lo que le está ocurriendo a Cristina de Kirchner es básicamente un manual de hostigamiento impulsado hábilmente por el actual Gobierno argentino, ofensiva que viene acompañada del ataque de los medios de comunicación, los cuales manipulan los problemas eventuales de corrupción. Según ese planteamiento, los medios exageran el asunto de la corrupción, ubicándola como la madre de todos los problemas existentes en Argentina y relegando información concerniente a la delicada situación social, así como al deterioro de la mayoría de indicadores económicos. En ese mismo contexto, hay quienes auguran que la persecución judicial sistemática y organizada es parte del nuevo libreto de la derecha y que llámese como se llame el gobernante de izquierda saliente, se verá inmediatamente sometido a la cruenta persecución judicial.

Existe también la opinión contraria, citando para el caso un excelente artículo titulado ‘Impunidad y hostigamiento, las dos caras de una justicia degradada’, escrito por el periodista Carlos Pacni en el cual señala que “Cristina Kirchner se siente víctima de un hostigamiento. Tal vez sea cierto. Es la contracara de la impunidad que le proveyeron los mismos magistrados que hoy la estarían acosando. Impunidad y hostigamiento son las prestaciones casi inevitables de la justicia degradada por pactos mafiosos. No hay juez más inconveniente que el que debe borrarse el tatuaje de la complacencia. Maquiavelo lo escribió hace 500 años, en el Discurso sobre la primera década de Tito Livio: La condena de los jueces corruptos es tan inservible como su absolución”, agregando que existen “indicios apabullantes de que el progreso económico de la expresidenta está ligado a licitaciones de infraestructura amañadas, cuyos sobornos se pagaban con contratos de hotelería”. Que nadie se sorprenda entonces si ahora se conoce que el patrimonio de la expresidenta se incrementó en más del 800% en el transcurso de los últimos doce años.

Mi opinión: si las denuncias que actualmente se ventilan en los tribunales argentinos son ciertas, quedaría al descubierto una enorme estructura de corrupción y clientelismo, seguramente bendecida desde las más altas esferas del anterior Gobierno de ese país. Claro, podrán decir –como ahora lo aseveran– que se trata de una vil persecución en contra de una mujer soñadora y revolucionaria, pero en el fondo saben la verdad, que en medio de la impunidad y del hostigamiento, las “lindas llamadas” van a ser más necesarias que nunca. (O)