La Navidad es regocijo espiritual, paz, armonía, humildad; el comercio la ha mercantilizado, en vez de una fiesta de amor y felicidad, la ha transformado en una celebración pagana.

En este mes celebraremos el nacimiento del Hijo de Dios Nuestro Señor Jesucristo, que vino al mundo, primero, a darnos una esperanza como familia; luego, se sacrificó por nuestras maldades, inequidades, para que nos reencontremos con el Padre, ya que fuimos destituidos del paraíso.

Diciembre nos permite reencontrarnos como seres humanos; podemos ayudar a nuestros semejantes.

No gaste en cosas innecesarias, utilice bien el dinero porque la felicidad de un solo día puede ser la lamentación de los 365 días del 2016.

¿No se ha dado cuenta de que la recesión comenzó a golpear todas las puertas del mundo?

Hay un adagio antiguo, “guardar pan para mayo”, que se aplica para el año 2015.

Si tiene unos centavos de más, invite a sus amigos, vecinos o parientes para que disfruten la Navidad; visite un hospital de niños y vea a una madre desesperada, regale esta ofrenda a un niño. Los pobres, lo poco que tienen, lo comparten con los demás.

A los creyentes del Dios Supremo y de su Hijo Jesucristo, en épocas difíciles se los ve tranquilos y felices, que da envidia verlos.

Navidad es época de encontrarnos a nosotros mismos y de esta manera encontrar a los demás que nos rodean.

La felicidad está cerca en el templo de nuestro corazón.(O)

Néstor Aníbal Torres Álvarez, Guayaquil