La Semana Santa culmina con la celebración de la Resurrección de Jesucristo que da inicio al tiempo pascual, de alegría y regocijo espiritual.

Más allá del fundamental significado e importancia que tiene la resurrección como sustento de la fe de los cristianos en general, la palabra misma nos inspira muchas reflexiones sobre la gran necesidad de resucitar algunos aspectos que parecen muertos y enterrados en nuestro querido Ecuador:

Empiezo por la salud física y espiritual de tantos adolescentes y jóvenes adultos que se pierden con facilidad en el consumo de las drogas, alcohol, pornografía; que dañan su cuerpo, su mente, sus relaciones, su trabajo, su futuro. Es necesario que resucite la conciencia del verdadero amor a sí mismo, de la propia dignidad de ser persona con la tarea innata de la superación integral.

Se necesitan urgentemente más programas educativos de prevención y también de rescate y tratamiento para las víctimas del consumo de estupefacientes facilitado por la permisión legal de portar ciertas cantidades.

Sigo con la honestidad… que parece hundida profundamente en las aguas negras de la corrupción a nivel político y social…

Resucitar la transparencia y honradez en los negocios pequeños y grandes, públicos y privados, desde las medidas de peso en las tienda de la esquina, hasta los enormes contratos y negocios. Porque el que es honrado lo es en lo mucho y en lo poco, en todos sus actos.

Para ello es necesario hacer morir la desmesurada ambición de poder y riquezas, la sapada criolla, las coimas, comisiones, sobreprecios, contrabandos, negociados y también al consumismo como objetivo de vida…

Resucitar la honradez que es también cumplimiento responsable y serio del trabajo de todos y especialmente de los burócratas, maestros de escuelas, colegios y universidades, policías y de quienes ejercen cargos públicos como si hubieran ganado la lotería…

Resucitar la administración de justicia, que parece tan enredada en las telarañas del poder causando grandes frustraciones, impotencia y pérdida de la fe y esperanza en los tribunales ecuatorianos.

Resucitar la verdad política enterrando para siempre la mentira y manipulación, porque eso significaría respetar a los ciudadanos, revivir la credibilidad en las autoridades y el interés en la participación cívica…

Esperamos otras resurrecciones anunciadas como la del Hospital del IESS, la agilidad en los servicios de salud para todos y programas adecuados de educación sexual para la prevención de los embarazos adolescentes.

¿Y la seguridad ciudadana? ¿Cuántas muertes más se necesitarán para que algún día resucite?

¿Y personalmente? No tenemos que morirnos para lograr renovaciones importantes y generar cambios que han estado esperando su turno, eliminando lo que nos impide ser mejores personas y más satisfechos con nosotros mismos.

Enterrar viejos hábitos que causan conflictos y afectan nuestra salud física y espiritual… Hacer morir al egoísmo que tenemos, a veces más elevado que el colesterol, y nos aleja de los seres más queridos e impide ver las necesidades de los demás.

Renacer a una vida nueva es una propuesta para cada día, una tarea permanente. (O)