Circula por internet la anécdota de una pasajera en un crucero, a quien la tripulación y los mozos trataban con especial cariño. Algún curioso le preguntó a qué se debían tantas gentilezas y la anciana contestó que ella era jubilada, sin familia y que había decidido pasar sus últimos días viajando. Cambiaba de un crucero a otro. Su camarote era su vivienda. Ya no me preocupo por nada, explicó. Cuando quiero me bajo y visito una ciudad. Tengo las comidas y diversiones incluidas y cuando me enfermo el doctor del barco me cura.
Dicen que la moderna manera de hacer turismo es viajar en cruceros y hay algunas empresas que ofrecen excelentes servicios. Los pasajeros no necesitan trastear con maletas pues el barco se detiene en los puertos unas horas, navega por las noches y amanece en su nuevo destino. Los buques tienen enormes teatros donde todas las noches ofrecen programas de variadas diversiones. Las comidas son abundantes y variadas. En un crucero de 11 días por el Báltico, acodera en los puertos principales y el viajero tiene gratas sorpresas: no cobran para entrar en el Museo Nacional de Oslo; en Helsinski, al momento de acoderar el buque una orquesta tocaba himnos de bienvenida y la ciudad ofrecía transporte gratuito en cómodos buses que iban y venían del centro de la ciudad cada 15 minutos. Al regresar al buque, empleados del Estado devolvían, en efectivo, el IVA cobrado. Cuando el buque llegó a San Petersburgo, también había una orquesta, pero delante de la formación de músicos habían colocado un sombrero para las propinas. En este programa, el crucero se quedaba en el puerto una noche, de manera que eran prácticamente dos días en tan bella ciudad, sede del Hermitage, un museo riquísimo en muestras de lo mejor del talento artístico mundial. Pero en la mayoría de los puertos el buque está un día y se puede, por ejemplo, ir desde Rostock a Berlín para visitar algunos puntos de interés.
Estos enormes buques llevan aproximadamente dos mil pasajeros y la tripulación es más de la mitad. Tienen varias piscinas y restaurantes, casinos y bibliotecas, boutiques y venta de recuerdos. Los pasajeros no necesitan bajar en los puertos. Todo lo tienen en el buque. Todo el sistema está diseñado para que tengan auténtica y segura distracción.
Quisiera destacar que en la mayoría de los puertos, los grandes cruceros están solo unas horas. Pero un puerto no puede vivir solo de atender un buque de vez en cuando, ni siquiera si los tuviera todos los días. Sería un desperdicio de la ciudad y su puerto y creo que es una tomadura de pelo considerar que una ciudad portuaria se “especialice en cruceros”. Pregunten a los españoles si Barcelona, Valencia, Cádiz, o La Coruña viven solo del turismo de cruceros y se les reirán en la cara.
¡Que vayan a engañar a otros! Eso de los cruceros es bueno para vender unos cuantos recuerdos a los turistas y hacerlos pasear un poco. No para mantener la actividad portuaria que siempre ha tenido Guayaquil.










