Una enorme foto del velocista Álex Quiñónez fue colgada en la sala de la casa de su madre. Era de una de las carreras del atleta representando a Ecuador. En ese rincón de un barrio de Esmeraldas se vivieron horas angustiosas desde que la noche del viernes se supo que Quiñónez fue acribillado en un sector del noroeste de Guayaquil.

“Quiero que el Gobierno dé con los asesinos de mi hijo, porque no le hizo daño a nadie”, pidió Ana Quiñónez Martínez, la madre del deportista de 32 años.

Desconcertada al enterarse de que su hijo fue baleado en Colinas de la Florida y que su cuerpo permaneció tirado en la vereda, la mujer dijo que no sabía por qué le habían hecho “tanta maldad”.

La madre indicó que el velocista deja tres hijos y que él era el sustento para ella y su abuela.

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“Lo que pido es clemencia”, declaró Ana Quiñónez en una breve entrevista con el canal local Saeta TV.

El Gobierno ha indicado que actuará con contundencia en este caso y que no descansará hasta dar con los responsables del crimen.

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La mujer sostuvo que varias empresas le habían quitado el patrocinio y haberes a su hijo desde que no pudo competir. “¿Cómo creen que se puede sentir un muchacho?”, indicó.

Los restos de Álex Quiñónez fueron llevados a Esmeraldas. Luis Freire.

La Policía maneja la hipótesis de que el atleta pudo ser una víctima colateral. El deportista no tenía registro de antecedentes. Christopher Arcalla Ramírez, el cantante urbano asesinado, tampoco tenía antecedentes judiciales, pero sí procesos investigativos por tenencia ilegal de armas y el delito de intimidación, según la institución.

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Quiñónez, considerado el mejor velocista de Ecuador, forjó una trayectoria con matices de éxito, fama y desavenencias. La temporada del 2019 fue calificada por Quiñónez como “el mejor año deportivo”, sellada con un fichaje para el FC Barcelona (España), ya con 30 años.

Tras la para de la pandemia del COVID-19 fue a Portugal para seguir sus entrenamientos, el inicio de lo que sería la última etapa de su carrera, residencia que sin ser registrada por su “representante autorizado”, Alberto Suárez, originó la sanción que lo dejó fuera de la cita olímpica de Tokio.

En junio y septiembre del 2020, el deportista no pudo ser localizado por la Athletics Integrity Unit (AIU) para controles de dopaje. El caso se repitió en mayo del 2021, con un registro de Florida (Estados Unidos) en el sistema Adams como lugar de entrenamiento, cuando el deportista permanecía en Portugal, “un trágico error”, según reconoció Suárez, aunque según la reglamentación, “cada atleta sigue siendo el último responsable en todo momento de realizar presentaciones de paradero precisas y completas, ya sea que realicen cada presentación personalmente o deleguen la tarea a un tercero”.

La suspensión impuesta por el tribunal disciplinario de la AIU se extendía hasta el 24 de junio de 2022, y aunque el deportista presentó la apelación correspondiente y viajó a Tokio con la “ilusión” de competir, no pudo regresar a las pistas, sería esto su despedida. (I)