El primer Centro Especializado para el Tratamiento de Personas con Consumo Problemático de Alcohol y Drogas (Cetad) empezó a funcionar esta semana en Guayaquil tras recibir la licencia y el permiso de funcionamiento por parte de la Agencia de Aseguramiento de la Calidad de los Servicios de Salud y Medicina Programada (Acess).

El espacio está ubicado en el bloque 9 de Bastión Popular y fue construido por el Municipio de Guayaquil. Por ahora cuenta con 20 camas de internación, pero puede atender hasta a 30 mujeres sin costo alguno. Otros dos centros para hombres se empezarán a construir en el Guasmo y en El Morro.

Por ahora los jóvenes con problema de consumo acuden al hospital Bicentenario, donde son evaluados y a las mujeres se las deriva al Cetad.

La doctora Julieta Sagnay, responsable del programa Por un Futuro sin Drogas, explica que han logrado recuperar a 2.500 jóvenes que han ganado becas y están siendo reinsertados en el ámbito laboral. De forma ambulatoria trataron a 10.000 pacientes en los últimos dos años dentro de programa.

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Pero, ¿cómo es el tratamiento en el Cetad?

Las mujeres deben estar ingresadas 28 días para su desintoxicación y al salir deben continuar el tratamiento de forma ambulatoria por un año.

Durante los primeros diez días son medicadas para controlar los síntomas de abstinencia.

“A las dos horas que no consumen empiezan a tener piel de gallina, oleadas de frío o calor, dolor articular como como el que da con el dengue, ansiedad, dolor, no pueden dormir”, detalla Sagnay, quien explica que se usan medicamentos que no son adictivos. Son una especie de sustituto del opioide que no causa dependencia.

Guayaquil, 07 de Septiembre del 2021 Gran Guayaquil: Centro de tratamiento primario de desintoxicación para adicciones en Bastión Popular. Foto: José Beltrán Foto: El Universo

Esta medicación, usada en tratamientos en Israel, se da al paciente para controlar el dolor, el insomnio y la ansiedad. Al principio es cada ocho horas y al décimo día ya no se aplica y se hace la prueba de drogas.

Con el resultado negativo, es decir, cuando ya no hay droga en el cerebro, empieza realmente el tratamiento con terapias ocupacionales.

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“Una psicóloga trabaja con las chicas y sus familias, pero además está el terapista ocupacional con talleres de 07:00 a 12:00, en una especie de aula, no solo para hablar de drogas, sino para tratar a las personas; hay talleres de autoestima, de amor propio, de inteligencia emocional y prevención de recaídas”, sostiene la profesional, quien aclara que no solo se les “lava la sangre” a las pacientes, sino que se trabaja en su niña herida que las llevó a consumir esa sustancia para evadir la realidad.

La psiquiatra considera que cada año podrán atender al menos a 500 jóvenes con internamiento, sin mencionar a quienes siguen el tratamiento ambulatorio.

Fabiola Rodríguez empezó el tratamiento ambulatorio hace casi dos años. Consumía cocaína, heroína, alcohol, cigarrillo, base de coca y marihuana.

La joven de 24 años cuenta que hasta ese momento no aceptaba que tenía un problema y su madre la llevó a una consulta con una psiquiatra que le dijo que le daba pocos años de vida si seguía con ese estilo de vida.

Fue como un balde de agua fría. Fue derivada al programa Por un Futuro sin Droga y hoy es un caso de éxito que muy orgullosa presenta la doctora Sagnay, pues ahora Fabiola trabaja como enfermera en el Cetad.

Tres mujeres rehabilitadas del programa Por un Futuro sin drogas son enfermeras del Cetad en Bastión Popular. Foto: José Beltrán Foto: El Universo

Luego de graduarse del programa, al año de ingresar, ella obtuvo una beca de la Dirección de Acción Social del Municipio para continuar con sus estudios en Enfermería, los que Fabiola dejó por las drogas.

Ella cuenta muy conmovida que precisamente el terreno donde hoy funciona el Cetad hace dos años era un terreno baldío donde ella se escondía para drogarse. Caminaba desde Pascuales, donde vive con su familia.

“Se me salieron las lágrimas cuando me trajeron por primera vez, sentí que era una nueva oportunidad de vida”, cuenta Fabiola, de 24 años, quien con mucha empatía ayuda a las jóvenes que ahora llegan al centro, pues hasta hace dos años vivió ese drama en carne propia y lo superó de forma ambulatoria con fe y la ayuda de su familia. (I)