Pese a que en muchos barrios populares de Guayaquil se ve a cientos de consumidores en parques y veredas drogándose, los dos centros de desintoxicación del Ministerio de Salud de la urbe (Libertadores y Guayaquil) no están al tope de su capacidad (cada uno tiene 30 camas).

Hasta octubre pasado ni siquiera llegaban a la mitad de la ocupación (tenían once y trece pacientes, respectivamente), pues acceder a los tratamientos sin costo que ofrece el Estado para dejar las drogas no es tan fácil y para algunas familias conlleva un largo proceso en el que temen perder la batalla contra el vicio.

Los pacientes deben ir por su voluntad o por orden judicial y primero se intenta un tratamiento ambulatorio, el que suele implicar recaídas.

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La psiquiatra Julieta Sagnay, quien estuvo a cargo del programa municipal Por un Futuro Sin Drogas, detalló que muchos de los pacientes están vagando en las calles y que no cuentan ni con una cédula, un requisito para ser ingresados en los centros de rehabilitación.

También señala que supuestamente les piden que vayan con un representante y que incluso en algunos establecimientos les exigen un examen para que demuestren que ya fueron desintoxicados y que no tienen la droga en su sistema.

Además, según la experta en drogodepencia, señala que a las mujeres embarazadas con problema de consumo no las admitirían en los programas.

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Aparte de los establecimientos del MSP, en Guayaquil solo hay dos centros de desintoxicación que han obtenido el licenciamiento otorgado por la Agencia de Aseguramiento de la Calidad de los Servicios de Salud y Medicina Prepagada (Acess), es decir, operan con todos los permisos.

Son la Comunidad Terapéutica San Juan Pablo II, una clínica que recibe a menores (hombres) y que pertenece a la Arquidiócesis de Guayaquil (junto al aeropuerto), y el Centro de Desintoxicación de Adicciones del Municipio, que atiende a mujeres (Bastión Popular).

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También el Hospital de Neurociencias cuenta con una Unidad de Conductas Adictivas, donde hay dos salas, una de hombres y otra de mujeres. Hay una veintena de pacientes en cada sala. En los últimos doce años en el lugar se ha atendido a más de 1.500 pacientes.

En este centro hospitalario y en la Comunidad Terapéutica San Juan Pablo II, ambos de la Arquidiócesis de Guayaquil, se paga una pensión diferenciada, de acuerdo con los recursos de las familias e incluso se otorgan becas a quienes no tienen para el tratamiento.

Tanya Sofía, de 23 años, deambula por las calles junto con su pareja y amigos, también consumidores. Foto: Ronald Cedeño

Otros centros que han tratado de obtener el licenciamiento tiempo atrás han desistido no solo porque entre los requisitos está contar con un personal médico, con instalaciones cómodas para evitar hacinamiento y con un programa terapéutico, sino porque deben tener regulado el permiso de Uso de Suelo, documento que emite el Municipio.

Khristie Vera, coordinadora Zonal 8 de la Acess, mencionó que el 3 de julio se reunió con personal de la Alcaldía de Guayaquil local para consultar cuál era el nudo crítico para que el Municipio se abstenga a dar el uso de suelo.

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Ellos le respondieron que este tipo de establecimiento no deben estar en sectores urbanos y que aunque hay zonas urbanas de Guayaquil que sí tienen la factibilidad de uso de suelo comercial, los centros que tiempo atrás trataron de hacer el trámite no cumplían con los metrajes (el espacio requerido).

Actualmente no hay en cola ninguna solicitud vigente, dijo Vera días atrás cuando fue consultada.

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El Acess informó que hasta la fecha, a nivel nacional, hay 56 establecimientos con licenciamiento para la rehabilitación de personas con problemas de consumo, 51 son privados y 5 públicos. La mayoría están en Azuay, en Cuenca y sus alrededores hay 26 clínicas. En Guayaquil solo hay 4 establecimientos.

En la urbe porteña durante el 2023 los funcionarios del Acess han clausurado 14 establecimientos que operaban de forma clandestina, el año pasado fueron 27.

¿Cómo acceder a los programas del Estado?

La psicóloga clínica Cindy Araque, responsable de Salud Mental del MSP, explicó semanas atrás que, según el protocolo, un paciente que llega con síntomas de consumo pasa a una unidad de salud mental hospitalaria para su desintoxicación (dura unos quince días), antes de ir a un Cetad (seis meses de internamiento).

En Guayaquil están los hospitales Monte Sinaí y Guasmo Sur (en ambos hay 20 camas, solo están 5 ocupadas).

En 2022 solo en el hospital Monte Sinaí se realizaron 848 pruebas que sirven para detectar cannabis, heroína, cocaína, anfetamina, barbitúricos y benzodiacepinas.

Araque mencionó que en cada centro de salud también hay protocolos para atender y realizar pruebas. De ahí se puede también derivar a los hospitales.

En 2022 solo en el hospital Monte Sinaí se realizaron 848 pruebas que sirven para detectar cannabis, heroína, cocaína, anfetamina, barbitúricos y benzodiacepinas.

Tras la etapa de desintoxicación se transfiere a los pacientes a los Cetad para el internamiento y las terapias ocupacionales en las que también participan sus familias.

“Los pacientes no pueden permanecer encerrados en contra de su voluntad”, indicó la funcionaria, hacerlo podría ser considerado un secuestro o una desaparición forzosa.

¿Cuál es el cupo y cómo acceder a los programas municipales?

El Municipio de Guayaquil cuenta con seis puntos de atención: Hospital Bicentenario, Cetad de Bastión Popular, Móvil 30 (clínica móvil que ahora está en la playita del Guasmo), el Polifuncional Zumar (Mucho Lote), el CAMI Fertisa y en el dispensario de Posorja.

“Hay médicos, psicólogos y auxiliares en enfermería en todos estos sitios y se los atiende cuando llegan. No se les da una cita, ni se les da una receta. Ellos pueden llegar y de una vez se les hacen las pruebas y se les aplican los medicamentos. En el Bicentenario y en el Cetad de Bastión hay internamiento para desintoxicación y en el resto se siguen los programas ambulatorios que funcionan a largo plazo”, detalló el psiquiatra Cristopher Moreno Granda, director del programa de Atención y Prevención del Consumo de Drogas del Municipio.

En el Hospital Bicentenario hay actualmente 12 hombres y en el Cetad de Bastión Popular hay 17 mujeres en etapa de desintoxicación, están internados. La capacidad en los centros es para 20 personas.

Tras la desintoxicación, que dura de 10 a 28 días, llevan el programa de forma ambulatoria con el apoyo de las familias que también han sido capacitadas por los psicólogos. Son en promedio unas 5.000 atenciones mensuales en total.

Moreno agregó, además, que hacen pruebas de drogas cada quince días.

“Ahí vemos quiénes han recaído y son nuevamente ingresados al programa de desintoxicación. En octubre se hicieron 846 pruebas a pacientes que están en etapa ambulatoria. El 70 % de los pacientes salieron limpios y el 30 dio positivo. Tenemos un promedio de 80 % de efectividad, los pacientes se mantienen sin consumir”, dijo el experto en narcología. (I)