El canciller Juan Carlos Holguín viajó a Estados Unidos para, además de tratar temas de la relación bilateral, impulsar la candidatura de Ecuador al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, órgano al que el país ya ha pertenecido en tres ocasiones anteriores (1950, 1960 y 1991) como miembro no permanente y le ha otorgado en esos momentos reconocimiento internacional.

Para este tema, Holguín empezó por reunirse en Nueva York —este jueves, 31 de marzo— en la sede de la ONU con representantes del Grupo América Latina y el Caribe (Grulac), cita en la que ya consiguió el apoyo; y está previsto que mantenga otros encuentros con Chari Grupo Africano, un delegado de la Unión Europea y con el secretario general Antonio Guterres.

El máximo organismo de seguridad de la ONU está conformado por quince países, de los cuales cinco son permanentes (China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos) y diez son miembros no permanentes; cinco de ellos son elegidos cada año por la Asamblea General para cubrir un periodo de dos años. Para obtener un puesto es necesario obtener una mayoría de dos tercios, es decir, 128 votos si participan los 193 miembros.

Carlos Estarellas Velázquez, experto en derecho internacional y catedrático universitario, menciona que “toda representación internacional es importante”, y que Ecuador sí reúne las cualidades para impulsar su participación por ser un país pacifista”.

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No obstante, explica que se debe comprender que el rol que podría volver a ocupar Ecuador no le concede las mismas facultades que poseen los cinco miembros permanentes, que tienen capacidad de vetar cualquier decisión de la Asamblea General o hasta del mismo Consejo.

“El poder de las Naciones Unidas está en los Estados miembros permanentes del Consejo de Seguridad, no en los otros, que rotan y lo hacen por región: una época lo hace Latinoamérica; otra, Europa, y así. La gestión que está haciendo el canciller es importante, mas no es trascendente”, apunta.

Estarellas subraya que, ante esta realidad acerca de cómo funciona el Consejo, permanece vigente una lucha para que esto se reforme “quitándole el poder a esos cinco miembros”. Pone como ejemplo el poder del veto que poseen, que justamente en estos momentos impide que se actúe en Ucrania por la ofensiva rusa.

“Alemania, teniendo tanto poder, no es miembro; India, que ha crecido tanto, tampoco; no hay ningún país latinoamericano, y podría estar Brasil, Chile o Ecuador”, comenta.

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Para Michel Leví, analista internacional y coordinador del Centro Andino de Estudios Internacionales de la Universidad Andina Simón Bolívar, la participación como miembro no permanente, aunque no otorga capacidad de veto, sí faculta a una nación a tener una capacidad de decisión.

“Más allá de tener un puesto en el Consejo, esto implica una gran responsabilidad en la toma de decisiones y de acciones a nivel global con los otros miembros, de todo el mundo, y que tienen posiciones que están alineadas en función de los intereses regionales”, comenta Leví, y resalta que un país para promover su campaña requiere de un largo camino de negociaciones.

Leví explica que con una participación de un país latinoamericano en el Consejo se pueden tomar en cuenta varios temas, como la seguridad regional por violencia y conflictos vinculados con la migración o el narcotráfico, si no se dan primero soluciones bilaterales entre los afectados.

En tanto, la Academia Nacional de Historia hace referencia en una publicación a que, en sus tres participaciones, Ecuador “mantuvo una postura irreductible (...) que se afirmó en la fortaleza de los principios que fueron exhibidos por sus representantes ante dicho Consejo”.

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Hasta ahora, más de 50 Estados miembros de la ONU nunca han sido miembros del Consejo. Sin embargo, cualquiera de los 193 puede participar, sin derecho a voto, en deliberaciones cuando el Consejo considere que los intereses de esa nación se ven afectados.

Entre sus principales funciones y poderes están mantener la paz y la seguridad internacionales de conformidad con los propósitos y principios de la ONU e investigar toda controversia o situación que pueda crear fricción internacional.

Un representante de cada uno de sus miembros debe estar presente en todo momento en su sede permanente de Nueva York, para que el Consejo pueda reunirse cuando surja la necesidad. Su primera sesión se celebró el 17 de enero de 1946 en Londres. (I)