El testimonio del testigo protegido en la investigación del crimen del periodista, exlegislador y excandidato presidencial Fernando Villavicencio dio a la Fiscalía pistas de al menos tres organizaciones criminales relacionadas con la banda de Los Lobos que aparentemente planificaron y ejecutaron la operación para matarlo.

Villavicencio fue asesinado el 9 de agosto de 2023, a la salida de un mitin de campaña, en el coliseo de un colegio del norte de la capital.

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En la audiencia de evaluación y preparatoria de juicio, que se desarrolló entre el 27 y el 28 de febrero pasado, la fiscal Ana Hidalgo leyó una parte de la declaración del testigo en la que relató quiénes y cómo organizaron el crimen.

Un primer grupo es el de Carlos A., alias Invisible, quien habría planificado el atentado desde el Centro de Rehabilitación Social de Cotopaxi, en donde estaba recluido por tráfico de drogas. Junto a él estaba alguien apellidado Suárez Bedón alias Chino Onda.

En el texto que leyó la fiscal, el testigo se refiere a Chino Onda y a Invisible como “firmas” de dicha cárcel; esto es mandos medios que controlaban ese centro penitenciario.

También se habló de una China, quien sería la pareja sentimental de Invisible, en cuya casa en Turubamba (sur de Quito), se entregó una moto un mes antes.

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Carlos A. fue llamado a juicio como autor mediato del asesinato del político.

La fiscal le preguntó al testigo qué rango tenían en la organización Chino Onda e Invisible. “Ellos van subiendo y agarran el pedido intermedio en privilegios en las cárceles, son líderes, son manos derechas”, respondió.

Sobre Invisible, dijo que “es una de las firmas que estaba desde Latacunga en videollamada”.

“¿A qué se refiere con firmas?”, cuestionó la fiscal. “Le dan su zona y su espacio de la cárcel a uno”, explicó.

Al preguntarle cuál es el grupo del Invisible, dijo: “A todos no tengo los nombres. Los conozco como Colombiano, Coloncho, Menor y Muchacho”.

Un segundo grupo era el de Laura C., alias la Flaca, quien fue llamada a juicio como coautora.

A este pertenecerían el testigo protegido, quien supuestamente es su pareja sentimental, y José M., alias Cura (quien fue asesinado en la cárcel de El Inca el 7 de octubre de 2023). Ellos se dedicaban, principalmente al tráfico de drogas en pequeña escala.

Pero además Laura C. daba “servicios” de logística para la organización de crímenes, es decir que conseguía dinero, vehículos, ropa, comida y otros insumos. Esto lo hacía, principalmente, con la colaboración de Erick R. alias Gato; Víctor F.; y Alexandra Ch. F., que fueron llamados a juicio como cómplices.

La mujer también estaba relacionada con Johahn C., alias Parcerito, quien fue el sicario colombiano que asesinó a Villavicencio y que murió esa misma noche en el piso de la Unidad de Flagrancias. Ambos habían sido detenidos juntos meses antes por otros delitos.

La audiencia de evaluación y preparatoria de juicio del crimen de Fernando Villavicencio se desarrolló entre el 27 y 28 de febrero, en medio de un fuerte resguardo policial en el Complejo Judicial Norte, en Quito. Foto de Carlos Granja Foto: Carlos Granja Medranda

“¿Quién es el Cura?”, le preguntó la fiscal al testigo. “Montaño Cuadro José Leonardo. Una persona que conocí. Como éramos mi mujer y yo, tomamos la decisión de que trabaje con nosotros”, respondió.

Christian Zurita, periodista y amigo personal de Villavicencio, habla de un tercer grupo que colaboraba con alias Invisible: el de Fabricio Colón Pico, a quien la fiscal general, Diana Salazar, ha acusado de planificar un atentando en su contra y que al momento se encuentra prófugo.

Según Zurita, los gatilleros colombianos que participaron en el atentado y que fueron detenidos al día siguiente eran parte de la banda de Colón Pico. Ellos son: Adey G., alias Colombia; Jules C., alias Colombiano; José L.; Jhon R.; Andrés M.; y Camilo R.

Todos estaban recluidos en la Penitenciaría del Litoral y fueron asesinados el 6 de octubre siguiente. En la autopsia se indicó como causa de muerte “asfixia por sofocación”.

El testigo protegido reconoció a estos personajes en las fotos que le mostró la fiscal Hidalgo durante la diligencia en la que se recogió su testimonio.

El periodista, quien reemplazó a Villavicencio en la candidatura presidencial tras su muerte, señala que en un primer momento de la investigación no estaba claro a quién respondían los detenidos.

Cuatro datos ‘reveladores’ que han surgido del trabajo de la comisión legislativa ocasional que investiga el crimen de Fernando Villavicencio

“Era una facción, pero no se conocía de qué grupo. No se entendía si eran o no de Los Lobos, porque esa organización se suponía que era costeña. La gran pregunta que se hacían era cómo una organización costeña aparece aquí. Hacen las pericias, las investigaciones, y el nombre que le dieron fue los Lobos a la Sombra. Cuando empiezan a indagar descubren que es toda la estructura de Los Lobos en la Sierra”.

“Los Lobos en la Sombra se estructuran en bases, primero, en la capacidad de controlar el norte y el sur de Quito en un acuerdo con la banda de Fabricio Colón Pico. Él tenía su propia organización, su independencia, y esto es una presunción: para que se lo identifique dentro del crimen es que había un acuerdo de Los Lobos con Colón Pico y fortalecimiento de las dos bandas”.

Sobre Carlos A., Zurita presume que debió ser un líder “lo suficientemente poderoso para haber tenido el control de máxima seguridad en Latacunga”.

En el relato del testigo protegido se mencionan a otros personajes de los que no hay claridad respecto a qué grupo pertenecían: alias Viejo, quien habría llegado desde Riobamba con el dinero para pagar a los sicarios; una China, que les dio camisetas y gorras a los que participaron en el crimen; y “los mellizos”.

“¿Quién es el Viejo?”, preguntó la fiscal al testigo. “Lo mandaron de Riobamba para organizar, nos dio órdenes a todos, logística, el tema y todo eso. El Viejo llegó y los mellizos se negaron, quisieron hacerlo en sangre y no pudieron. Es un poquito imposible, ellos dijeron que no”, contó.

La Fiscalía desarrolla otra investigación para dar con los autores intelectuales del crimen del excandidato presidencial Fernando Villavicencio. Foto de API

Todos estos grupos tendrían relación con la banda de Los Lobos. En una investigación del Observatorio Ecuatoriano del Crimen Organizado (OECO) se explica que esta es una organización “de tipo red con subcomandos en territorio”, dedicada a los delitos de narcotráfico, minería ilegal, tráfico de armas, extorsión y sicariato, con nexos con el cartel Jalisco Nueva Generación, mafias balcánicas y el Comando de Frontera.

Tiene presencia en Sucumbíos, Pastaza, Zamora Chinchipe, Azuay, Napo, Carchi, Imbabura, Pichincha, Cotopaxi, Chimborazo, Santo Domingo, Los Ríos, Guayas, El Oro, Loja y Cañar.

Su líder es Wilmer Chavarría, alias Pipo, quien supuestamente murió de COVID-19 en el 2021, y que ahora se encontraría en algún lugar de Europa. La Policía Nacional presume que falsificó su acta de defunción como “estrategia para despistar a sus enemigos y autoridades”.

La Fiscalía desarrolla al momento una indagación previa para hallar a los autores intelectuales del atentado a Fernando Villavicencio.

Las estructuras criminales, explicadas por expertos

Las firmas son “estructuras de mandos medios que responden a estos ‘grandes’ grupos, como Los Tiguerones, Los Lobos y Los Choneros, y que tienen un despliegue sobre todo desde las prisiones, y se ubican en algunas zonas urbanas y rurales de las ciudades. “Casi todas estas facciones o firmas existen más adentro de las cárceles que en las calles, y funcionan bajo el paraguas de otras más grandes”, refiere Renato Rivera, director del Observatorio Ecuatoriano del Crimen Organizado (OECO).

Estos grupos suelen identificarse con el apellido del líder. Al grupo del que ordenó el crimen de Fernando Villavicencio, Carlos A., por ejemplo, se lo ha llamado Los Invisibles, por su alias.

Rivera señala que estas ‘firmas’ no tienen una estructura y un poder representativos. Así, la del Invisible recién tuvo exposición pública a raíz de que se conoció la declaración del testigo protegido del caso, y por eso es que ni siquiera se la incluye en la lista de Grupos de Delincuencia Organizada (GDO) que fueron declarados como “terroristas” por el presidente Daniel Noboa, el 9 de enero pasado.

El analista señala que es común que estos grupos menores se alíen entre sí, y con otros más grandes, para tener legitimidad y control del territorio. Así se explicaría el nexo entre Invisible y Colón Pico.

¿Cuál es la pena que recibirían los seis procesados por el crimen de Fernando Villavicencio de ser condenados?

Carlos Blanco, coronel de Policía en servicio pasivo y experto en seguridad, expresa que estas bandas tienen cabecillas que, a su vez, trabajan con grupos colaborativos o células que se encargan de la planificación y ejecución de los crímenes.

“Están los gatilleros o descuartizadores que cometen el atentado, los que vigilan al blanco, los que retiran las armas del lugar del crimen y los que evacúan a los asesinos, por ejemplo. Pero ninguna de estas células se conocen entre sí, no tienen relación directa, para evitar ser descubiertos. Si cae alguno, se golpea al grupo pequeño y no a toda la organización”, explica.

En el caso de Fernando Villavicencio, la orden de matarlo salió de la cárcel de Cotopaxi (de Carlos A.) a una tercera persona (Laura C.) que organizó a los grupos, que incluso son de diferentes nacionalidades, y se dispersó la información”.

Y estas bandas, agrega el expolicía, no tienen empacho en contratar hasta al “sicario del sicario”, o sea el que se encarga de matar al criminal.

Esto es lo que, según Blanco, habría ocurrido con Johahn C., el colombiano identificado como el asesino de Villavicencio, quien recibió varios impactos de bala en el mismo sitio del atentado y murió pocas horas después en la Unidad de Flagrancias. (I)