Josefa y Yessenia viven en distintas provincias. Josefa es oriunda de la Costa y Yessenia de la Sierra. No se conocen, pero las une la fortaleza con la que han enfrentado sus embarazos hace varios años, incluso décadas. Ninguna se arrepiente de la decisión tomada en aquel momento, a pesar de los desalentadores pronósticos médicos que recibieron en ese tiempo.

Ellas son madres de un sietemesino y un cincomesino, respectivamente. Estuvieron un largo tiempo en hospitales rezando y cuidando a sus pequeños. Ambas consideran que dar vida es una gran responsabilidad emocional y espiritual.

Reducir las 28 semanas de gestación para interrumpir el embarazo por violación entra a negociación en la Asamblea Nacional

La Comisión de Justicia de la Asamblea Nacional debate y prepara desde el lunes pasado el informe para segundo y definitivo debate del proyecto de ley que garantiza la interrupción voluntaria del embarazo de niñas, adolescentes y mujeres en caso de violación.

Inicialmente aprobó la temporalidad de la interrupción del embarazo por violación: hasta las 28 semanas de gestación (siete meses) para las mujeres mayores de 18 años, y sin plazo para las niñas, adolescentes menores de 18 años y mujeres con discapacidad.

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Temporalidad del aborto por violación pone en aprietos a los legisladores que preparan el informe para el pleno

La inclusión de ese texto en el proyecto de ley, que pasaría a conocimiento del pleno el 25 de enero, según la planificación de la presidencia de la Asamblea Nacional, levantó alertas en las bancadas legislativas, que anticiparon un voto en contra e incluso abrieron la posibilidad de negociación para acordar otro plazo para permitir el aborto por violación. Esto ha extendido el debate, y la mesa llamó a médicos y profesionales. Ayer seguía el análisis.

‘Aún me acuerdo que me tocaba la barriga y decía: hijito, te estamos esperando’

Josefa le muestra a su hijo, José, la cartilla de cuánto pesaba al nacer. Foto: Cortesía.

Aunque el nacimiento de José Pérez fue hace 27 años, para Josefa Tomalá esas pataditas que le daba en el vientre aún las tiene presentes. Esos momentos de verse crecer la barriga, hablarle y cantarle siguen en su memoria.

Josefa tiene 65 años y en 1994 se enteró de que iba a tener un tercer varón. Anteriormente, pasó dificultades en varios embarazos y terminó perdiendo a tres bebés, dos de ellas eran niñas.

Una situación dolorosa que jamás olvidará, dice Josefa.

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“Yo tengo tres hijos vivos y tres fallecieron por problemas en mi útero. Pero nunca tuve síntomas en el embarazo”, cuenta.

Un pequeño descuido provocó que José llegara antes de las 40 semanas. “Moví un mueble y sentí que el líquido amniótico estaba saliéndome, eso fue como a las 22:00. Me acosté y a las 04:00 era más y fui a la maternidad con mi esposo”, relata.

En ese momento, Josefa tenía siete meses de embarazo y por su mente pasaban los recuerdos de los abortos que sufrió. No quería que pasara de nuevo.

Al llegar a la maternidad, en Guayaquil le hicieron una cesárea de emergencia y se sentía culpable por realizar aquel esfuerzo físico. “El niño nació grave, no nos daban esperanza de que viviera porque había tomado el líquido amniótico”, asegura.

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Su angustia cubrió el dolor de la cirugía. Cada día iba a otra sala a ver a su pequeño, que pesaba 1,91 kilos, y permaneció quince días en una incubadora.

“Me pasaba sentada junto a él, tocando la incubadora, rezando, hablándole que era su mamá”, cuenta.

El desarrollo de su hijo fue normal y dice que no hay mejor experiencia que ver ese proceso.

Ahora José es psicólogo clínico y trabaja como docente. Sabe que nació a los siete meses, pero no recuerda con exactitud todos esos detalles.

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Josefa, quien pasó varios embarazos, afirma que la vida es importante y “solo la quita Dios”. Reconoce que el aborto por violación es un asunto complejo, pero cree que la vida es primero.

“No se debe de perder la vida. Es una vida que Dios ha permitido que venga, en qué forma, cómo se dio, qué pena, ya eso es el violador que tiene que responder para Dios, pero la persona que recibe, que sale embarazada, tiene que tenerlo… porque perder un hijo es un pecado mortal. Es un ser indefenso, es una muerte, un asesinato. Es complejo el asunto porque no todos tenemos la madurez emocional y espiritual”, opina.

José piensa distinto. Cree que en esos casos debería ser viable. “Hay condiciones en las que no tendrían una buena calidad de vida. Sí creo que debería ser una opción por las consecuencias que pueda llevar y el trauma a la madre”, comenta.

‘Me dijeron que podría morir, que me quedaría sin útero, pero mantuve mi deseo de tener a mi hijo’

Yessenia junto a su hijo Julián, que ahora tiene 10 años. Foto: Cortesía.

A los 30 años, Yessenia Mazza se enteró de que su sueño iba a hacerse realidad: ser madre. Con mucha ilusión esperaba a su pequeño, al que llamó Julián y hoy tiene 10 años.

Su embarazo no fue fácil. Tuvo complicaciones, pero en todo momento se mostró fuerte.

Cerca de los cinco meses de gestación se le rompió la fuente. Asustada junto con su esposo acudieron a un hospital del IESS. Allí los médicos no le dieron esperanza y le advirtieron de las consecuencias de un parto prematuro. Le realizaron un eco y el bebé aún se movía.

“Me dijeron que me podría morir, que me quedaría sin útero, pero yo mantuve mi deseo de tenerlo”, cuenta Yessenia, de 41 años.

Su esposo en ese entonces le dijo que ella tomara la decisión porque es su cuerpo y optaron por irse a una clínica privada. Sin embargo, el panorama no cambió. También le hicieron la misma advertencia. Pero Yessenia sentía que su bebé se iba a salvar.

Pasaron diecisiete días en observación para madurar los pulmones a Julián. Luego, tuvo contracciones y era urgente realizarle la cesárea.

La oriunda de Cuenca aún recuerda todos los detalles de ese procedimiento. No le pudieron aplicar tanta anestesia porque comprometía al bebé.

“La anestesia no podían colocarme completa porque el bebé se podía dormir. Sentí un corte grande, luego ya mis piernas y pies. Mi hijo nació moradito y la piel aún no se le desarrollaba bien”, relata.

Julián pasó tres meses en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Midió 30 centímetros y pesó 700 gramos.

“Sé que lo que hice estaba bien, no me fui por el camino fácil, a pesar de que arriesgué mi vida. La culpa me iba a matar”, menciona.

Aunque Julián estuvo varios meses con un estado delicado, ahora es un niño sano e inteligente. Cada día que Yessenia lo ve siente que tomó la mejor decisión de su vida.

“Él tiene una capacidad para hablar increíble. Es muy espiritual”, afirma.

Yessenia ahora tiene a Julián y a una niña. Para ella, haber llevado en el vientre a sus hijos es una gran responsabilidad que le marca para toda la vida.

“Si normalmente un niño depende de su madre siempre, cuando está dentro del cuerpo muchísimo más. Si otra hubiera sido la decisión, mi hijo no estuviera a mi lado”, expresa.

Dice que el aborto por violación, un asunto que se está analizando, conlleva muchas repercusiones para la víctima.

“Yo no apoyo el aborto por ninguna circunstancia, entiendo la situación que pasaría esa persona, pero vivir con una culpa y no solo con los traumas de una violación sino con que frustré una vida… No son felices viviendo con esa culpa eterna”, opina. (I)