Así como en Florida se habló de “Westonzuela” y en Texas los venezolanos fueron llegando cada vez más a Katy ahora comienza a hablarse de cómo los migrantes oriundos de ese país suramericano se abren paso en Queens, Nueva York, al punto de que muchos ven como si comenzara a advertirse el nacimiento de una “Little Venezuela”.

En Queens el español que se escucha tiene sabor caribeño-venezolano y en sus calles hasta los hot dogs empiezan a ser desplazados por los “pepitos” caraqueños.

Sobre la avenida Roosevelt, señala La Nación, por el “pepito” o sándwich preguntan y degustan aquellos atraídos por la manera en la que Víctor Hernández, trabajador de un puesto de comida, dora hasta gratinar el pan con un soplete de cocina.

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Una Little Venezuela

Muchos venezolanos que asumieron la difícil y costosa travesía hasta acariciar el “sueño americano” llegaron a la Gran Manzana, a Nueva York.

Ahora, allí, en ese corazón económico estadounidense, se habla de si alta presencia de ciudadanos de ese país puede dar pie a la conformación de un barrio, de un vecindario, como ya ocurrió con Chinatown, Curry Hill, Little Italy y Little Haiti, expone La Nación.

Cerca de donde Víctor prepara, bajo una carpa, los “pepitos”, hay venta de cachapas y café.

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Además, la bandera tricolor salta a la vista por estar en una vidriera de un restaurante ecuatoriano. Allí el karaoke de clásicos románticos venezolanos es otro gancho y señal de que los inmigrantes, venidos de Caracas o Maracaibo, entre otras ciudades de esa nación, laboran o buscan mejores oportunidades en Nueva York.

El fenómeno lo analiza Murad Awawdeh, director ejecutivo de la Coalición de Inmigración de Nueva York, un grupo de defensa de los inmigrantes, quien a La Nación dijo sobre la posibilidad de estar frente al nacimiento de una “Little Venezuela”: “Siempre empieza con un restaurante o un carrito de comida”.

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“Esos inmigrantes no solo construyen una comunidad próspera, sino que dan empleo y generan ingresos para la economía local, ayudando a la ciudad a atravesar tiempos difíciles”, agregó.

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La diáspora

Rayquel Delgado tiene 24 años y dijo que vive con su prima en Jackson Heights. “Acá me siento cómoda porque todos hablan español”, se mostró confiada.

El medio sureño citado recuerda que desde la primavera de 2022 llegaron a Nueva York más de 136.000 nuevos inmigrantes, muchos de ellos de Venezuela. Un año antes, precisa, de los 8,7 millones de neoyorquinos, solo 15.182 residentes de la ciudad eran de ascendencia venezolana, de las cuales 12.250 eran nacidas en Venezuela.

En septiembre de 2023, el alcalde de la Gran Manzana y la gobernadora del estado de Nueva York, Eric Adams y, Kathy Hochul, aseguraban, a la fecha, que “había miles de trabajos disponibles en la ciudad y los campos agrícolas del norte del estado, pero solo estaban disponibles para los que tenían permiso de trabajo, que a su vez debían haber presentado una solicitud de asilo”.

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Iban a tener en la mira para estas oportunidades laborales a los venezolanos que calificaran para el TPS, reseñó El Universo.

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Venezuela presente en Queens

Donovan Richards, presidente del municipio de Queens e hijo de inmigrante jamaicano, asegura: “Todos los días nos enteramos de la llegada de nuevos inmigrantes al distrito de Queens”.

Una médica que laboró en un hospital del Táchira, en los Andes venezolanos, Sandra Sayago, llegó en 2016 a Nueva York. Se casó con Alfredo Herrero, dueño del restaurante mexicano que le abrió las puertas para trabajar. Cinco años más tarde, en 2021, ambos abrieron un local de comida llamado El Budare Café, en un sector de la Avenida Roosevelt y sus potenciales clientes son los inmigrantes colombianos, ecuatorianos y mexicanos.

Negocios nuevos, creados por inmigrantes venezolanos o destinados a ellos, según un sociólogo consultado por La Nación, “representa uno de los primeros pasos en el proceso de creación de un barrio étnico”.

La migración venezolana toma fuerza en Queens… las pulseras tejidas con los colores de la bandera venezolana, la aún tímida venta de dulces típicos de ese país, pero a los solicitados pepitos, arepas, cachapas y café se suman mandocas, empanadas y las parrillas y hay negocios que las venden y quien va percibe canciones del género salsa que bailó Caracas “full” en los ‘80 y ‘90, y que llamó salsa baúl. Eran temas que archivaban o engavetaban por su poco éxito, pero los recopilaban para venderlos, explica en un video colgado en Youtube por GelderS Music.

Esa salsa baúl ganó su público “con su ritmo lento y letras cargadas de erotismo o romanticismo”.

Con música y comida, pero también con la disposición de abrirse camino con el trabajo, la comunidad de venezolanos empieza a destacar en Queens, Nueva York.

(I)


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