La próxima cumbre bilateral entre los presidentes de Estados Unidos, Joe Biden, y Rusia, Vladimir Putin, será el primer escenario en que ambos se vean cara a cara desde que Biden asumió el cargo, momento desde el que ha tenido una línea dura hacia el líder del país euroasiático, llegando a aceptar que cree que Putin lo ha mandado a matar.

La cita está planificada para este miércoles en Ginebra, Suiza, y se prevé que hablen de varios asuntos, incluyendo de cómo la OTAN ve a Rusia y a China como amenazas procedentes de “regímenes autoritarios”.

El lunes culminó la cumbre que reunió a los presidentes de los países miembros de la OTAN. El secretario general de la alianza, Jens Stoltenberg, afirmó que “Europa y Norteamérica deben permanecer fuertes y juntos para defender” sus “valores e intereses, especialmente en un momento en el que regímenes autoritarios como Rusia y China amenazan el orden internacional basado en reglas”.

Además, según EFE, pidió que Rusia baje la agresividad que está teniendo y explicó que la relación de la alianza con Moscú está “en su punto más bajo desde la Guerra Fría”. Advirtió que las agresiones de este país son una amenaza para la seguridad de la OTAN, que tiene miembros que comparten frontera con Rusia.

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Stoltenberg también señaló que la alianza mantiene su compromiso con una estrategia “de defensa y diálogo”, así como su solidaridad con países como Ucrania y Georgia, que tienen conflictos con Moscú, y acogieron positivamente que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, haya mantenido consultas con sus socios trasatlánticos antes de su reunión con su homólogo ruso.

Sin embargo, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, lamentó que su homólogo estadounidense no se haya reunido con él antes. “Hubiera sido mejor que la reunión (con Biden) se celebrara antes de la cumbre de los dos presidentes”, dijo Zelenski.

“No busco un conflicto con Rusia, pero responderemos si Rusia continúa sus actividades dañinas”, dijo Biden, quien también reafirmó su “continuado apoyo a la soberanía y a la integridad territorial de Ucrania”, según AFP.

En tanto, Putin pidió “previsibilidad y estabilidad” en las relaciones ruso-estadounidenses, afirmando que era “algo que no hemos visto en los últimos años”, en tanto que describió al expresidente Donald Trump como “extravagante” y un “individuo talentoso”.

Además consideró “ridículas” las acusaciones de que Moscú está detrás de los ciberataques contra Estados Unidos y se mostró dispuesto a negociar con Washington un intercambio de prisioneros, en una entrevista con la cadena NBC, dos días antes de la cumbre.

Esto, luego de que compañías estadounidenses, incluyendo una importante red de oleoductos, se vieron afectadas por ciberataques en los últimos meses, que a menudo obligaron a cierres temporales hasta pagar rescates.

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“Hemos sido acusados de todo tipo de cosas: injerencia electoral, ataques cibernéticos, etc., y ni una sola vez, ni una, se molestaron en presentar algún tipo de evidencia o prueba, solo acusaciones infundadas”, afirmó Putin.

Las relaciones entre Rusia y Estados Unidos nunca han sido fáciles en la historia contemporánea, pero desde hace algún tiempo son pésimas y, según analistas, nadie debe esperar que la cumbre que mantendrán los presidentes resulte en un cambio fundamental, aunque sí podría sentar las bases para evitar un deterioro todavía mayor.

La oposición entre Moscú y Washington en cuestiones esenciales como el estado del orden internacional presente y futuro, la arquitectura de seguridad europea, la situación del espacio postsoviético, así como la crisis en Ucrania o el caso de Siria, persistirán, según el académico Dmitry Suslov, del Centro de Estudios Internacionales y Europeos de Rusia.

Suslov agregó a EFE que, pese a ello, a ambos países les interesa estabilizar la relación, incluso a niveles malos, para evitar peligros mayores o una confrontación incontrolable. Un objetivo en ese sentido sería evitar una nueva carrera armamentista, por el coste que esto supondría para el erario ruso. Para también, en el mismo sentido, no aumentar la dependencia de China, que es el verdadero y gran rival de EE. UU. en la escena internacional.

Desde el campo de Biden, esto último es muy importante para tomar en cuenta, así como que muchos de sus aliados europeos tienen una gran dependencia de Rusia por temas energéticos.

En este contexto, la fórmula más probable que puede surgir de la cumbre de Ginebra sería la de una “confrontación manejable de las relaciones”, según Suslov.

“No creo que nadie piense que habrá un reinicio de la relación, pero sí que habrá una política a dos velocidades, con ambas partes que pondrán a un lado lo que deben para cooperar en lo que es posible”, dijo a EFE el analista Robert Legvold, profesor del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Columbia.

Sin duda, ambos mandatarios comparten un objetivo común y es poner la relación entre sus países sobre bases “más predecibles y estables”, y es de esperar que los presidentes anuncien el retorno de sus respectivos embajadores, retirados —primero por Rusia— luego de que Biden se mostrase de acuerdo con llamar “asesino” a Putin en una entrevista.

En el mejor de los escenarios, la cumbre podría evidenciar alguna voluntad de cooperación en la no proliferación nuclear, en el cambio climático (en particular en el Ártico), pero sin pasar por alto temas candentes de derechos humanos que implican a Rusia y las sospechas de su implicación en ciberataques contra intereses estadounidenses.

El ámbito sanitario también podría ser un terreno de encuentro, sobre todo si deciden evitar cualquier competencia entre las vacunas contra el COVID-19 que EE. UU. y Rusia producen.

“Es nuestro interés común y el interés del mundo que cooperemos. Y ver si podemos hacerlo. Y en las áreas donde no estamos de acuerdo, dejarle claro cuáles son las líneas rojas”, dijo el mandatario estadounidense, según AFP.

¿Intercambio de prisioneros?

En otro tema, el líder ruso dijo estar abierto a la posibilidad de un intercambio de prisioneros con Estados Unidos, un tema que está en la agenda del encuentro.

Se habló del tema porque el exmarine Paul Whelan, condenado a 16 años de cárcel en Rusia por espionaje, pidió, en un audio grabado en la cárcel y publicado por su hermano el lunes, a Biden su liberación.

Otro ciudadano estadounidense, Trevor Reed, fue sentenciado a nueve años de prisión en 2020 por agredir a agentes de Policía rusos en estado de ebriedad.

Putin calificó a Reed de “borracho y alborotador”, e insinuó que su caso podría resolverse rápidamente.

“¿Qué hubiera pasado si hubiera peleado con un policía, si hubiera golpeado a un policía en su país (EE. UU.)? Lo hubieran matado a tiros en el lugar y listo. ¿No es así?”, agregó Putin.

Putin planteó específicamente la posibilidad de un intercambio por el piloto Konstantin Yaroshenko, al afirmar que también fue acusado de un “delito común” y que tiene “importantes problemas de salud” ignorados por las autoridades penitenciarias de Estados Unidos.

Yaroshenko fue condenado en 2011 por narcotráfico tras ser extraditado a Estados Unidos desde Liberia, algo que el Kremlin calificó de secuestro.

Otro preso ruso de alto perfil en Estados Unidos es el notorio traficante de armas Viktor Bout, que cumple una condena de 25 años por trasegar armas para la guerrilla de las FARC en Colombia. También inspiró la película Lord of War, protagonizada por Nicolas Cage.

Pese a todo, la Casa Blanca se apresuró a descartar rápidamente la idea de un intercambio de “ciberdelincuentes” después de que Biden pareciera mostrarse abierto a esa posibilidad en una conferencia de prensa tras la reunión del G7 en Gran Bretaña. (I)