En febrero de 2017 en Karangasso, en el suroeste de Mali, en las zonas fronterizas con Costa de Marfil y Burkina Faso, la monja colombiana Gloria Cecilia Narváez se convirtió en una de las personas secuestradas por el grupo yihadista Nusrat al Islam wal Muslimin, activo en la región del Sahel y aliado con Al Qaeda. No se supo de su paradero hasta meses más tarde.

Sin embargo, Narváez volvió a ser noticia este fin de semana luego que se hiciera público que tras cuatro años y ocho meses en cautiverio al fin fue liberada.

Incluso el papa Francisco saludó este lunes personalmente en la basílica de San Pedro a la religiosa, antes de la celebración de la misa por el apertura del Sínodo de los Obispos, en el Vaticano.

La monja se encuentra “afectada pero en buenas condiciones físicas”, según publican los medios oficiales del Vaticano recogidos por EFE.

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Narváez es una misionera de las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada, que nació en 1893 en Colombia y tiene presencia en 17 países.

La religiosa, de 59 años y originaria del departamento de Nariño, empezó su calvario la noche del 7 de febrero de 2017, cuando cuatro hombres armados irrumpieron en su congregación.

Según narró una correligionaria a la AFP, los hombres querían llevarse a otras dos monjas colombianas más jóvenes, pero Narváez se entregó a los secuestradores en su lugar alegando ser “la superiora”. La raptaron y huyeron en un vehículo de la congregación.

Oriunda de un país sumido en más de medio siglo de conflicto armado, la hermana Gloria no era ajena a los secuestros.

“Es una mujer de una calidad humana especialísima, aterrizada, de altísima calidad humana, sacrificada a morir, movida por el amor a los pobres”, dijo sor Isabel Valencia, quien destacó la valentía de Narváez.

La hermana Gloria trabajó durante seis años como misionera en la parroquia de Karangasso, una pequeña localidad a 400 km de Bamako. El secuestro truncó su última misión. Este fue reivindicado por el grupo yihadista Al Qaeda en un video publicado en la red social Telegram en julio de 2017 y en el cual aparecía con otros rehenes occidentales.

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A comienzos de 2018 se conoció otro video en el que la religiosa aparecía con un chal cristiano en la cabeza, como en todas sus fotos públicas. Narváez le pedía entonces al papa Francisco que interviniera en su liberación y decía que “todos los días” preparaba sus cosas para irse.

Cada tanto la comunidad cristiana de Bamako organizaba misas en su nombre. “Rezamos mucho por su liberación”, dijo el arzobispo de Bamako, Jean Zerbo.

Su caso tuvo menor eco que el de otros rehenes occidentales en Mali, como el de la activista humanitaria francesa Sophie Pétronin.

A finales de 2020 cuando Pétronin fue liberada tras cuatro años de cautiverio, se supo que había compartido campamento con la colombiana con quien tejió una amistad.

Pero con el tiempo Narváez parecía cada vez más “perdida en su interior”, relató el periodista Anthony Fouchard en un trabajo dedicado a Pétronin.

Al comienzo de su cautiverio la hermana Gloria tenía los pies encadenados, según el reportero, y estaba “traumatizada”. Pétronin la describió como debilitada.

A comienzos de este año el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) hizo llegar a su familia una carta de once líneas escritas con su puño y letra como prueba de vida. “Recen mucho por mí. Dios los guarde. Espero que Dios me ayude a recuperar mi libertad”, anotó.

En fotos divulgadas la noche del sábado por la presidencia de Mali, la religiosa de tez morena luce sonriente, vestida con un chal amarillo.

“Se la ve bien”, comentó su hermano Édgar, quien se dijo “muy emocionado”.

La madre de la religiosa falleció en septiembre de 2020 esperando la liberación de su hija. (I)