El entonces presidente venezolano Nicolás Maduro quedó convencido de que Estados Unidos no atacaría Venezuela tras una conversación con su homólogo estadounidense, Donald Trump, semanas antes del operativo militar que lo capturó el pasado 3 de enero, informó este miércoles el diario The New York Times.

En un reportaje sobre los últimos días de Maduro en el poder, y citando fuentes de ambos países, el rotativo revela además que Washington le ofreció en diciembre una última oportunidad para exiliarse y que el líder chavista desconfiaba de su sucesora, la actual presidenta interina, Delcy Rodríguez.

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Tras varias semanas de amenazas contra Venezuela, Trump y Maduro mantuvieron una llamada de menos de diez minutos el 21 de noviembre de 2025, en la que ambos se mostraron cordiales.

Tienes una voz fuerte”, le dijo Trump a Maduro en tono distendido. El líder chavista bromeó, a través de un traductor, que el mandatario estadounidense estaría más impresionado si lo viera en persona, recién duchado y vestido.

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Durante la conversación, Trump invitó a Maduro a reunirse en Washington, propuesta que el venezolano rechazó por temor a una trampa, según las fuentes citadas por el diario. Maduro propuso, en cambio, un encuentro en un lugar neutral, opción que el estadounidense descartó.

De acuerdo con el periódico neoyorquino, ambos concluyeron la llamada con impresiones radicalmente distintas: Maduro interpretó el tono de su interlocutor como señal de que no ordenaría un ataque contra Caracas y de que aún era posible negociar una salida digna.

Trump, por su parte, terminó convencido de que el venezolano no se tomaba en serio su ultimátum para abandonar el poder.

El pasado 3 de enero, Nicolás Maduro fue detenido por fuerzas estadounidenses en Venezuela y traslado a Nueva York. Foto compartida por Donald Trump en Truth Social.

Además, al inquilino de la Casa Blanca le irritaron las apariciones públicas de Maduro bailando, cantando y coreando consignas en inglés.

A mediados de diciembre, en medio del bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos, Maduro se planteó ofrecer un adelanto electoral como vía de salida, con elecciones previstas para 2026 y un candidato chavista diferente.

Sin embargo, Washington insistió en que debía abandonar el poder de inmediato.

La última oferta de la Casa Blanca llegó el 23 de diciembre, cuando, a través de la mediación de Turquía, se le comunicó que Estados Unidos no lo perseguiría judicialmente ni confiscaría su patrimonio si aceptaba exiliarse.

Según un funcionario turco, no se mencionó a Turquía como posible destino del exilio.

El rechazo de Maduro al ultimátum final dio paso a los preparativos definitivos del ataque, programado inicialmente para el último fin de semana de diciembre, pero aplazado por diversos factores, entre ellos el clima lluvioso en Caracas.

Rodríguez, entonces vicepresidenta, había sido identificada por la Administración de Trump como una figura con la que podrían trabajar, aunque, según el periódico, no hay indicios de que estuviera al tanto de la operación militar del Pentágono.

Según el diario, Maduro había comenzado a desconfiar desde hacía algún tiempo de Rodríguez, más pragmática, y que había afianzado su control sobre el erario público e impulsado una mayor inversión extranjera.

El día del ataque, la vicepresidenta estaba de vacaciones en la isla venezolana de Margarita y Estados Unidos le advirtió que el Pentágono iniciaría una amplia serie de ataques si Venezuela se negaba a cooperar.

Este boceto de la sala del tribunal muestra al depuesto presidente de Venezuela, Nicolás Maduro (2do-L), y su esposa, Cilia Flores, asistiendo a su lectura de cargos en el Tribunal de los Estados Unidos Daniel Patrick Moynihan el 5 de enero de 2026 en Nueva York. Foto: AFP

Rodríguez regresó entonces a Caracas y asumió el papel de presidenta interina con el benéplacito de Washington. (I)