Hice lo que me ordenaron de la mejor forma que supe”. Esta fue la frase del francotirador Simo Häyhä cuando le preguntaron cómo se sentía tras haber acabado con más de 700 soviéticos durante la Guerra de Invierno.

Simo Häyhä nació en el pueblo de Rautjärvi, Finlandia, el 17 de diciembre de 1905. “Haya fue el segundo hijo más joven de una familia de ocho. Estudió gramática en la escuela y, muy pronto, comenzó a ayudar a sus padres en la granja familiar. Sus hobbies siempre incluyeron el esquí, disparar, cazar y jugar al Pesapallo, la versión finlandesa del baseball”, se detalla en el libro Finland at War: The Winter War 1939-40.

Häyhä ingresó a la edad de 17 años en la Guardia Civil Finlandesa, un cuerpo que provenía de la vieja Guardia Blanca que había combatido en la guerra civil del país contra la denominada Guardia Roja.

“Fue un experto tirador. Ganó competiciones acertando seis veces en un minuto a un pequeño objetivo ubicado a 150 metros de distancia”, añaden los autores del libro.

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Entre 1925 y 1927, con 20 años, acudió al servicio militar obligatorio de su país en el Batallón Ciclista. Posteriormente, fue ascendido a cabo después de cumplimentar el curso de suboficiales. Apenas unos meses después superó las pruebas para convertirse en francotirador. Sin embargo, terminó retirándose a la granja familiar para tener una vida tranquila, esto se acabó al comenzar la Guerra de Invierno.

Guerra de Invierno

La guerra de Invierno estalló cuando la Unión Soviética atacó Finlandia el 30 de noviembre de 1939, tres meses después del inicio de la Segunda Guerra Mundial. “La resistencia finlandesa fue feroz y la actuación soviética, pese a su abrumadora mayoría numérica, fue pésima. Muchas de las unidades soviéticas desplegadas inicialmente eran de Asia Central [...] y no estaban entrenadas ni equipadas para la guerra invernal”, señala el popular historiador Martin H. Folly en su libre Atlas de la Segunda Guerra Mundial.

Además, el Ejército Rojo se encontró con el letal fusil de la “Muerte blanca” quien, junto a sus compañeros finlandeses, sabía que su país tenía el invierno como potencial aliado. “La falta de preparación del ejército soviético para combatir en el invierno se debió en parte a estimaciones sumamente optimistas sobre la duración de la campaña”, explica Chris Bellamy (profesor de Ciencia y Doctrina Militar).

El apodo de la “Muerte blanca”, no solo significaba que el francotirador aniquilaba a cualquier ruso que se pusiera frente al cañón de su fusil, sino porque solía acudir a la batalla vestido como un auténtico fantasma, con abrigo blanco, una máscara del mismo color que le cubría casi la totalidad de la cara, y unos guantes a juego.

Como se explica en “The Redwood Stumper 2010: The Newsletter of the Redwood Gun Club”, el francotirador odiaba disparar con mira telescópica por dos causas. La primera era que la luz del sol que se reflejaba en el cristal podía delatar dónde se encontraba. La segunda, que las lentes solían romperse debido al frío. Por todo ello, utilizaba las alzas metálicas del rifle.

Algunos historiadores aseguran que tuvo un total de 505 bajas acreditadas con su fusil de francotirador. Otros como Robert A. Sadowski elevan este número de fallecidos hasta 542. A todos estos cadáveres hay que sumar otras 200 víctimas (no confirmadas) mediante el subfusil que usaba en las distancias cortas. Lo que es totalmente contrastable es que logró aniquilar a todos estos soviéticos en un total de 100 días. (I)