Una veintena de refugiados recibieron una autorización excepcional para salir el sábado del campo de Mavrovouni y esperan eufóricos en el porche de la única iglesia católica de Lesbos la llegada del papa Francisco, que desembarca el domingo a la isla.

Christian Tango, un congoleño de 31 años, “espera que el papa lleve la voz” de los refugiados “al mundo entero”, dijo a la AFP poco antes de entrar a la capilla de Nuestra Señora de la Asunción, construida en 1843 por monjes franciscanos franceses.

Como el resto de sus compañeros de campo, Tango solo puede salir una vez a la semana, pero el domingo espera poder hablar con el papa.

“El papa conoce muy bien la realidad de los refugiados, mejor que los políticos y los dirigentes europeos”, afirma este migrante, que perdió a su mujer y a una hija de 8 años durante el peligroso viaje que los llevó a Grecia.

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Para la visita del papa a Lesbos, la segunda en cinco años, las autoridades desplegaron a 850 policías en la isla, restringieron el acceso al campo (incluso para los periodistas) y sustituyeron 93 tiendas de campaña por contenedores dotados de electricidad

En la isla griega, punto emblemático de la crisis migratoria de 2015, los refugiados católicos están eufóricos.

“Mañana será el día más bonito de mi vida, no pensaba que un día tendría la oportunidad de ver al papa con mis propios ojos”, explica Berthe N’Goyo, que será una de las diez personas elegidas para cantar para el papa.

Esta mujer camerunesa, que llegó hace solo tres meses a la isla, ya ensaya los cantos: “Estamos unidos en tu amor”.

“La fe me permite avanzar, superar todas las pruebas de mi vida, el exilio, el viaje, en el que mi lancha se volcó en alta mar, la incertidumbre del futuro”, afirma.

- “Más humanidad” -

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En Atenas, el sábado, el sumo pontífice criticó a “la comunidad europea, desgarrada por los egoísmos nacionalistas”, que “aparece a veces bloqueada y no coordinada, en lugar de ser un motor de solidaridad”.

“Espero que el papa lleve nuestra voz al mundo entero y, en concreto, a los países europeos que deberían acoger con más humanidad a los refugiados”, cuenta Christian Tango.

Sus dos hijas, de 6 y 7 años, entonan con otros niños una canción en lingala (lengua bantú hablada en el centro de África), que dice: “no tengas miedo de nosotros, amigo mío, porque seamos refugiados”.

Enice Kiaku, que lleva dos años en Lesbos, desea que el papa lo lleve con él. “Las condiciones son muy difíciles en el campo, estoy sola con mis hijos”, se lamenta esta congoleña que ha “perdido la esperanza de ver” cómo mejora su situación.

Durante su anterior visita a Lesbos, en abril de 2016, Francisco volvió al Vaticano con doce refugiados sirios.

- “Crisis sistémica” -

Las llegadas de migrantes a las islas griegas han ido disminuyendo con el paso de los años, pasando de 173.450 en 2016, a 3.653 en 2021, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

El saturado e insalubre campo de Moria, el más grande Europa, ardió en septiembre de 2020 y fue sustituido por una estructura construida deprisa y corriendo en un antiguo campo de tiro del ejército griego.

Durante su visita al nuevo campo, “el papa se va a encontrar una situación diferente de la de 2016″, explica Clotilde Scolamierto, jefa de misión de la ONG Intersos.

“Ya no estamos en el mismo estado de emergencia sino frente a una crisis sistémica que se perpetúa, en la que los refugiados siguen necesitando ayuda (...) encerrados en campos muy vigilados”, explica.

Su organización, junto a otras 35, enviaron una carta al papa para denunciar la instalación de campos “cerrados y con control de acceso” como los que hay en las islas de Samos, Leros y Kos. También piden al papa que intervenga para que cesen las supuestas expulsiones de migrantes a Turquía.

Clotilde Scolamiero vio “una degradación de la salud mental de los residentes del campo”. Porque “la mayoría ven como se les niega el asilo y entran en depresión porque están literalmente bloqueados en la isla sin saber qué futuro les espera”. (I)