La luz roja lleva años colándose en clínicas, gimnasios y rutinas de cuidado personal, con las promesas de estimular las células, mejorar la piel o aliviar molestias, reseña el portal Huff Post.

Este ofrecimiento tiene base científica y se estudia desde hace décadas, pero - según el el medio español- entre lo que ocurre en un laboratorio y lo que prometen algunos dispositivos domésticos hay un trecho importante.

En el mercado han proliferado productos como las máscaras LED faciales, que pueden alcanzar precios de hasta 350 euros y se presentan como “soluciones milagrosas”, apunta el portal.

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El problema, agrega, es que buena parte de los estudios que respaldan sus beneficios son limitados: muestras pequeñas, resultados difíciles de reproducir y, en algunos casos, sin un grupo de control que permita comparar.

Ante ello, resulta “complicado” distinguir entre un efecto real y una simple percepción de mejora.

Este producto de ‘bienestar y estética’ se comercializa a nivel mundial, en plataformas como Amazon. Uno de estos aparatos, por ejemplo, se vende a $ 107 y, entre los beneficios, se detalla que “la luz de alta energía penetra uniformemente en las capas más bajas de la piel para mejorar la condición de la piel de todo el rostro y el cuello”.

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Otros de estos dispositivos, que cuesta $ 349, ofrece una “piel más radiante y reparación de imperfecciones” de acuerdo a “resultados del estudio clínico de 4 semanas con 59 sujetos y uso 1x/día de tratamiento preprogramado de 6 minutos”. Hay otros que ascienden hasta $ 549 para los usuarios de Ecuador.

Mientras que otros aparatos aseguran acelerar la recuperación muscular, aliviar el dolor o incluso ayudar contra la caída del cabello.

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No obstante, Sandra Ortonobes, graduada en Ciencias Biomédicas y creadora del canal divulgación La Hiperactina, señala a Huff Post que muchos de estos dispositivos se apoyan en evidencias débiles y en estrategias de marketing muy pulidas, hasta el punto de bautizarlos con ironía como “linternitas a precio de oro”.

Del laboratorio a casa

Esta terapia basada en luz roja e infrarroja se conoce con el nombre de fotobiomodulación y su aplicación práctica dista mucho de ser tan sencilla como sugieren algunos anuncios, refiere el portal Huff Post.

En condiciones controladas, añade este medio español, ciertos tipos de luz pueden influir en el comportamiento de las células, especialmente en la producción de energía a nivel mitocondrial. Pero, apunta que trasladar ese efecto a dispositivos domésticos plantea muchas incógnitas.

No todos tienen la potencia adecuada, ni utilizan las longitudes de onda correctas, ni se emplean bajo las condiciones precisas que se estudian en laboratorio, indica el portal.

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“Lo que le sucede a una célula bajo un láser de precisión en un laboratorio es una cosa, y lo que una máscara LED le hace a tu rostro es otra muy distinta”, asegura la experta a Huff Post.

La especialista explica que una cosa es que la luz roja pueda tener un efecto biológico notorio; y otra muy distinta es que una máscara doméstica, comprada online y usada unos minutos al día, alcance la potencia y la precisión para reproducir lo que se estudia en laboratorios.

En definitiva, estos productos podrían aportar algún efecto leve, según el portal, pero todavía -acota- no hay evidencia sólida que justifique el precio ni las expectativas que generan. (I)