Un problema en el escudo térmico de la cápsula Orion, detectado tras la misión Artemis I, afectaría directamente la planificación de Artemis II, ya que este sistema es clave para proteger a los astronautas durante la reentrada a la Tierra.

EL regreso está previsto para este viernes 10 de abril, con amerizaje estimado a las 8:07 p. m. en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego.

El escudo térmico de Orion está construido sobre una base de titanio cubierta por 186 bloques de Avcoat, un material diseñado para resistir temperaturas extremas. Cada bloque tiene un grosor de 3,8 centímetros y su función es absorber y disipar el calor generado durante la reentrada, cuando la fricción con la atmósfera puede elevar la temperatura hasta unos 2.760 grados Celsius.

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Una maqueta de la nave espacial Orión se observa el 7 de abril de 2026 en el Centro Espacial Johnson en Houston, Texas. (Foto de RONALDO SCHEMIDT / AFP) Foto: AFP

Qué falló en Artemis I

Durante el regreso de Artemis I en 2022, los ingenieros detectaron un comportamiento inesperado. Los gases atrapados dentro del escudo térmico se expandieron por el calor extremo y provocaron el desprendimiento de fragmentos carbonizados de Avcoat.

Ese daño redujo la eficacia del sistema de protección térmica. Aunque la misión no llevaba tripulación, el hallazgo encendió alertas sobre los riesgos para vuelos futuros con astronautas a bordo.

El plan en Artemis II

Para Artemis II, la NASA decidió modificar la maniobra de regreso. En lugar de usar el perfil inicial que hacía “rebotar” la cápsula en la atmósfera para perder velocidad de forma gradual, la nave entrará con un ángulo más pronunciado.

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El objetivo es reducir el tiempo que la cápsula pasa sometida a temperaturas y fricción extremas, pues menos exposición implica menos probabilidades de que el escudo vuelva a dañarse.

La fase crítica ocurre en los últimos kilómetros antes del aterrizaje. La cápsula Orion entrará en la atmósfera a unos 38.000 kilómetros por hora, generando una envoltura de plasma alrededor del vehículo.

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Durante aproximadamente ocho minutos, la nave enfrentará temperaturas extremas y perderá comunicación con la Tierra debido a ese plasma. Es el momento de mayor riesgo de toda la misión.

A medida que desciende, el sistema de paracaídas se despliega en varias etapas para reducir la velocidad. Primero se liberan paracaídas pequeños para estabilizar la cápsula, luego otros más grandes y finalmente los principales, que disminuyen la velocidad a menos de 32 kilómetros por hora antes del amerizaje en el océano Pacífico.

Si la maniobra es exitosa, los datos que se obtengan en esta fase serán clave para ajustar el diseño y los procedimientos en futuras misiones del programa Artemis. (I)