La Luna, el satélite natural de la Tierra, no es únicamente de color gris. Durante su sobrevuelo histórico, la misión Artemis II de la NASA reportó algo inesperado: manchas verdes y marrones en la superficie lunar, especialmente en el lado oculto.
Los astronautas, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, describieron en tiempo real lo que veían mientras orbitaban la Luna. Desde el espacio, observaron tonos verdosos en el cráter Aristarchus y amplias regiones con tonalidades marrones, incluso una zona que Hansen comparó con una porción de pastel.
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Qué revelan los colores de la Luna
Aunque desde la Tierra la Luna suele verse gris, los expertos explican que eso es una ilusión causada por la distancia. De cerca, su superficie, compuesta por regolito o polvo lunar, contiene una mezcla de minerales que reflejan distintos colores.
- Verde: podría indicar la presencia de olivino, un mineral asociado a piedras preciosas como el peridoto, o titanio.
- Marrón: estaría vinculado al óxido de hierro, es decir, rastros de oxidación en el suelo lunar.
Mientras avanzaban por el lado oculto, los astronautas también registraron con detalle cráteres de impacto, antiguos flujos de lava y fracturas en la superficie, al mismo tiempo que analizaban variaciones de color, brillo y textura.
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Según científicos, si se pudiera sostener polvo lunar en la mano, se verían diminutos fragmentos de vidrio marrón y minerales verdes brillantes. Sin embargo, al observarlos desde lejos, todos esos colores se mezclan en el gris uniforme que conocemos.
Este hallazgo refuerza observaciones realizadas en misiones pasadas. En 1972, durante la misión Apollo 17, el astronauta y geólogo Harrison Schmitt descubrió suelo de color naranja brillante.
Ese material resultó contener diminutas esferas volcánicas formadas hace unos 3.640 millones de años, evidencia clave de que la Luna tuvo actividad volcánica explosiva en su pasado. (I)