Las investigaciones contra estructuras del narcotráfico en América Latina han identificado un patrón recurrente: el entorno sentimental de los jefes criminales se convierte en un punto vulnerable para su localización. Autoridades y expedientes judiciales muestran que el monitoreo de parejas, familiares y relaciones afectivas ha contribuido a operativos de captura y neutralización de líderes criminales.

Uno de los casos más documentados es el de Joaquín “El Chapo” Guzmán, recapturado en enero de 2016 tras su fuga del penal del Altiplano. La entonces procuradora general de México, Arely Gómez, informó que los contactos del capo con personas del ámbito artístico permitieron rastrear comunicaciones. La actriz Kate del Castillo y el actor Sean Penn mantuvieron intercambios con Guzmán previos a una entrevista publicada por Rolling Stone. Según autoridades mexicanas, la vigilancia de esos contactos facilitó ubicarlo en Los Mochis, Sinaloa.

“Cada vez que lo capturaron fue por una mujer, por mensajes, por celulares que les daban a ellas’', mencionó la esposa del capo, Emma Coronel.

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Joaquín Guzmán Loera en el 2016. Foto: -- ALFREDO ESTRELLA

En Colombia, la persecución contra Pablo Escobar concluyó el 2 de diciembre de 1993 tras la intercepción de comunicaciones telefónicas con su familia. Informes del Bloque de Búsqueda señalaron que llamadas con su esposa, María Victoria Henao, permitieron triangular su ubicación en Medellín. El general Hugo Martínez declaró años después que “la presión sobre su entorno familiar permitió reducir su margen de movimiento”.

El seguimiento a relaciones cercanas también formó parte de la captura en 2010 de Edgar Valdez Villarreal, operador del cartel de los Beltrán Leyva. Reportes de la Policía Federal mexicana indicaron que la vigilancia sobre mujeres vinculadas sentimentalmente con el acusado permitió confirmar desplazamientos y lugares de reunión.

Una estrategia similar se aplicó en 2015 para localizar a Servando Gómez Martínez, líder de Los Caballeros Templarios. Autoridades mexicanas informaron que el monitoreo del entorno familiar y afectivo ayudó a identificar viviendas utilizadas como refugio.

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Más recientemente, en febrero de 2026, fuerzas federales mexicanas abatieron al líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes. En rueda de prensa Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa Nacional de México, reveló que una mujer fue clave para la ubicación de ‘El Mencho’.

Fotografía tomada a través de rastreo de redes del líder del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho. Oseguera alias El Mencho, uno de los capos más buscados por EE.UU., fue abatido durante un operativo con fuerzas federales, según confirmaron a EFE este domingo fuentes del Gobierno de México. EFE/ Rastreo de Redes Foto: EFE

“El 20 de febrero mediante trabajos de inteligencia militar central se ubicó a un hombre de confianza de una de las parejas sentimentales de El Mencho que la trasladó a una instalación en el poblado de Tapalpa, Jalisco”.

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En ese inmueble se reunió con el líder del CJNG. La mujer abandonó el lugar al día siguiente, pero Oseguera permaneció con un círculo de seguridad armado, lo que permitió confirmar su presencia.

El exjefe de inteligencia colombiano Óscar Naranjo explicó en un foro sobre crimen organizado que “las relaciones personales rompen los esquemas de seguridad y generan patrones detectables”.

Las comunicaciones emocionales, visitas frecuentes y la exposición pública del entorno cercano continúan siendo variables utilizadas por las autoridades para ubicar a objetivos prioritarios. (I)