Las investigaciones contra estructuras del narcotráfico en América Latina han identificado un patrón recurrente: el entorno sentimental de los jefes criminales se convierte en un punto vulnerable para su localización. Autoridades y expedientes judiciales muestran que el monitoreo de parejas, familiares y relaciones afectivas ha contribuido a operativos de captura y neutralización de líderes criminales.


