Los presidentes y cancilleres de una docena de países latinoamericanos discuten este domingo en México mecanismos que contribuyan a una migración ordenada, en momentos en que decenas de miles de personas buscan llegar a la frontera con Estados Unidos.

Entre otros, los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro, de Cuba, Miguel Díaz Canel y de Colombia, Gustavo Petro, llegaron a la cumbre que, según el programa oficial, comenzó a las 12H00 local (18H00 GMT).

Se realiza en el sitio arqueológico de Palenque, en el estado mexicano de Chiapas (sur), fronterizo con Guatemala y por donde transita el grueso de quienes dejan sus países escapando de la pobreza y la violencia.

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Antes de la reunión, los dignatarios realizaron un recorrido privado por la zona arqueológica, acompañados por su anfitrión, el presidente Andrés Manuel López Obrador, que horas después publicó en X (antes Twitter) una foto con sus invitados.

“El Encuentro de Palenque, por una vecindad fraterna y con bienestar es una convocatoria a sumar esfuerzos, voluntades y recursos para atender las causas del fenómeno migratorio”, escribió el mandatario mexicano.

“Se trata de un asunto humanitario en el que tenemos que trabajar unidos”, añadió López Obrador, quien aparece flanqueado por Maduro, Díaz-Canel, Petro, Xiomara Castro de Honduras y el primer ministro de Haití, Ariel Henry.

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Mientras tanto en Tapachula, ciudad fronteriza y primer punto de concentración de los migrantes en México, un grupo de indocumentados realizó una protesta.

Quemaron tres piñatas con los rostros de los presidentes Maduro y Díaz Canel, además del nicaragüense Daniel Ortega, con un letrero que decía: “Cumbre de Represores”.

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En la reunión “se analizarán las causas de la movilidad humana, como la pobreza, la desigualdad, la falta de oportunidades laborales” y se “explorarán acciones coordinadas” para un tránsito ordenado de personas, según la Cancillería mexicana.

Belice, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala y Panamá están representados por funcionarios de distinto rango.

De todos estos países proviene la gran mayoría de los 1,7 millones de migrantes que, según México, han alcanzado durante 2023 la frontera con Estados Unidos, considerada la ruta terrestre “más peligrosa del mundo” por la Organización Internacional para las Migraciones.

“Lo que puedo suponer de esa reunión es que van a decidir la deportación de cada uno de todos los que estemos en el camino”, dijo a la AFP Jorge Rodríguez, un venezolano de 33 años que descansa con otros migrantes en un albergue de religiosas católicas en Palenque.

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Rodríguez dejó su país hace dos meses y atravesó caminando la peligrosa selva del Darién, fronteriza entre Colombia y Panamá.

Sabe que el pasado miércoles llegó a Caracas el primer vuelo con venezolanos deportados desde Estados Unidos tras un acuerdo del gobierno de Joe Biden con Maduro, pese a que Washington no lo reconoce formalmente como presidente.

“Es un negocio vil y sucio usarnos como la carta que tienen bajo la manga. Plata para su bolsillo (del gobierno). ¿Y el venezolano qué?”, añade Rodríguez, también informado de que Biden aligeró las sanciones económicas contra Caracas.

La crisis migratoria es uno de los obstáculos que Biden enfrenta hacia la reelección en 2024, con constantes acusaciones de los republicanos e incluso de aliados de que ha fracasado en ese terreno.

Biden pidió el viernes al Congreso 13.600 millones de dólares para reforzar la frontera con México, gestionar la migración irregular y luchar contra el fentanilo, dentro de un paquete de más de 105.000 millones de dólares para ayudar a Ucrania e Israel y contrarrestar a China.

El demócrata llegó a la Casa Blanca en 2021 con la frontera cerrada por la pandemia. Tras ser reabierta, ha tomado distintas medidas dirigidas a venezolanos, haitianos, cubanos y nicaragüenses.

“Hay mucha confusión, la información a veces es errónea y eso hace que fluya más la migración”, dice a la AFP Evelina Ramírez, psicóloga del albergue y testigo de cómo repunta el flujo con cada nuevo anuncio estadounidense.

Al llegar al sur de México, añade, los migrantes descubren que tienen que estar en la frontera norte para conseguir esos beneficios y se lanzan clandestinamente sin esperar un permiso de México, siendo presa fácil del crimen organizado y de las mismas autoridades.

“Vemos cómo la situación migratoria cada día es peor”, apunta Ramírez, preocupada por la llegada de “cárteles de las drogas” a Chiapas, antes ajeno a la violencia pero que ahora, afirma, es terreno de disputas por el control de la migración clandestina. (I)