Las poblaciones de salamandras se enfrentan a riesgos de supervivencia en torno a la ruta establecida para su proceso reproductivo tras un largo proceso de hibernación en la época invernal.
Las salamandras, junto a otras especies de anfibios, hibernan en el suelo de los bosques a temperaturas bajas, varias especies se congelan y otras están adaptadas a las condiciones climatológicas.
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Tras la llegada de la etapa primaveral, despiertan de su letargo y salen de sus madrigueras para el inicio de la “Gran Noche”, un periodo esencial para su reproducción que incluye movilizaciones masivas.
La migración de salamandras se puede extender a más de medio kilómetro con miras a llegar a sus charcas primaverales, sitio de reproducción al que regresan año a año en el fenómeno denominado “fidelidad al sitio”.
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La actividad reproductiva, con periodos de intensidad variada, se relaciona con las temperaturas y precipitaciones para establecer y predecir la migración de salamandras y anfibios entre abril y marzo.
Este proceso de reproducción primaveral enfrenta riesgos importantes en relación a las rutas migratorias establecidas por las especies, que en muchas ocasiones cruzan carreteras.
Esto deriva en la muerte de cientos de ejemplares de forma accidental. En relación a ello, un estudio ubicado en Massachusetts enfatiza que la salamandra moteada podría desaparecer de la zona en 25 años.
La situación generó conmoción entre el público que se organiza año a año a través de las Brigadas de Cruzamiento de Salamandras que buscan conservar la especie y concientizar sobre su presencia.
Durante las noches de actividad alta o media, grupos organizados ingresan a los bosques y zonas de tránsito para ayudar a que salamandras, sapos y otras especies estén a salvo en lugares seguros para su ruta migratoria. (I)