“Habrá que comer”, dice Carmen María, como justificándose a sus 70 años, sin dejar de mirar la olla grande que está cocinando, sobre un improvisado fuego de carbón, en su patio de un barrio acomodado de La Habana.
Alrededor, la ciudad -de casi dos millones de personas- permanece en su mayoría a oscuras y ya sin apenas tráfico en las calles tras otra jornada de apagones de hasta 15 horas seguidas en la capital cubana. De fondo llega el ruido lejano de algunos generadores.
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Cuba venía de una situación bien precaria. Arrastraba una grave crisis económica desde hace años: en los últimos cinco ejercicios había perdido ya un 15 por ciento de su producto interno bruto (PIB) y un 20 % de su población.
Pero el asedio petrolero de Washington, que impide que la isla importe los dos tercios de sus necesidades energéticas que no cubre con su producción de crudo, está llevando al límite al país y a sus habitantes.
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En los últimos cinco días, la isla ha registrado un apagón masivo por una avería, que dejó hasta seis millones de personas sin suministro, además de sin telefonía (fija y móvil), sin conexión a internet e incluso, por momentos, sin señal de televisión y radio y sin gas para cocinar.
Además, Cuba ha sufrido sus dos mayores tasas de déficit por falta de capacidad de generación desde que hay registro (2022). La peor, este viernes, significó que el mayor apagón programado de la jornada dejó a la vez a más del 68 % de la isla sin corriente.
En esta semana la gran mayoría de los cubanos ha estado más tiempo sin servicio eléctrico que con corriente, dificultando enormemente actividades básicas como cocinar, conservar los alimentos, lavar la ropa o bombear agua a las casas.
Los hospitales apenas cubren servicios mínimos tras cancelar consultas, operaciones y tratamientos esenciales. EFE ha solicitado información y poder entrar en algún centro médico en dificultades, pero hasta el momento no ha recibido respuesta.
Los servicentros (gasolineras) están desabastecidas. Las oficinas estatales, mayormente cerradas. El transporte público, desaparecido. Y los mercados agrícolas estatales, con cada vez menos vegetales, fruta y carne, y precios a la carrera.
El Gobierno cubano puso en marcha un duro plan de contingencia para tratar de subsistir sin crudo del exterior, pero su aplicación es tremendamente complicada.
La instalación de 5.000 pequeños equipos solares de una donación china, la ayuda humanitaria procedente de México y el combustible que están logrando importar empresas privadas cubanas apenas supone un pequeño alivio frente a las necesidades mínimas del país.
Presión creciente
La estrategia de Washington está elevando la presión para el Gobierno cubano en varios frentes. En primer lugar en el interno, con varias protestas y cacerolazos esta madrugada en varios puntos de La Habana y, según medios independientes, también en Matanzas (oeste), por los extensos apagones.
Luego está el frente económico, porque además de bloquear la entrada de crudo a la isla, EE.UU. está presionando a países de América latina y el Caribe para que cancelen sus acuerdos de misiones médicas con Cuba, una de las principales fuentes de divisas de La Habana.
Sólo este viernes regresaron a Cuba los 172 médicos que se desempeñaban en Honduras porque el país centroamericano ha decidido no renovarlos y Jamaica anunció que daba por concluido su acuerdo bilateral con La Habana, por el que 277 profesionales cubanos se desempeñaban en el país vecino.
El presidente de EE.UU., Donald Trump, aseguró este sábado que Cuba está “en sus últimos momentos de vida tal como es ahora”, pero auguró que la isla “tendrá una gran vida nueva” tras un “gran cambio que pronto llegará”.
Añadió que él mismo y su secretario de Estado, Marco Rubio, están “negociando” con el Gobierno cubano, reiterando sus declaraciones sobre los contactos bilaterales del último mes. La Habana, que nunca los ha reconocido, hace semanas que no los niega.
El discurso oficial en la isla sigue siendo el de la épica de la resistencia y el patriotismo. Pero estos mensajes apenas permean en una población desencantada políticamente y que cada vez pasa por más dificultades para lograr lo básico.
Pese a la incertidumbre absoluta, la mayoría tienen sin embargo algo cada vez más claro ante la crudeza de la situación actual: venga lo que venga, que llegue cuanto antes.