El pasado fin de semana (15 y 16 de abril) se realizaron las elecciones para escoger a los miembros de la Convención Constituyente que redactará un proyecto de nueva Constitución para Chile y aunque se esperaba que la tendencia del centro hacia la derecha obtuviera un tercio que le permita negociar asuntos importantes, no alcanzó la cantidad de curules necesarias.
De acuerdo con el analista Juan Velasco, la derecha siempre había tenido alrededor de un 40% de la votación total, lo que hacía pensar que podría tener la capacidad de bloqueo o de negociación debido a que se necesitarán dos tercios para aprobar lo que se haga en la Constituyente. Sin embargo, eso no ocurrió esta vez y la derecha solo obtuvo 37 curules, además de otros tres aliados en los representantes de pueblos originarios.
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En total la Convención Constituyente de Chile tendrá 155 escaños, que ya fueron escogidos con una participación del 43% -el voto es voluntario-. Esto, según analistas, se debió en parte a que la población aún tiene como prioridad lo relativo a la pandemia.
Además, los otros dos sectores tradicionales del espectro de la izquierda, la antigua Concertación (centroizquierda) y el Frente Amplio (Izquierda y extrema izquierda) sacaron 25 y 28 escaños, respectivamente. Por ende, los independientes serán decisivos, pero la mayoría de estos son de tendencia hacia la izquierda, según Velasco.
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“Lo que sí queda claro es que lo más probable es que vaya a haber mayoría a favor de reformas más profundas o radicales”, agrega, aunque habrá que ver qué pasa con la centro izquierda, ya que a los 25 escaños habría que añadir 11 de esa línea en los independientes, todos necesarios para la aprobación de textos.
Por esta razón puede que los sectores de más a la izquierda los presionen e incluso una vez que se controle lo del COVID-19 podrían trasladar esa presión a la calle.
“También unos sectores quieren que sea una constitución que genere parámetros mucho más simples y otros que la constitución básicamente reglamente todo”, afirma Velasco, añadiendo que las decisiones internas también podrían estar marcadas por el proceso electoral de presidente y legislativo, “dependiendo de esto y de quiénes pasen a segunda vuelta, se va a generar presión en cuanto a los alineamientos de los bloques dedicados a la aprobación del articulado de la constitución”.
En tanto, el abogado chileno Francisco Aninat menciona que la mayoría del país se encuentra aún analizando los resultados y esperando a ver cómo se conforma y actúa el grupo de independientes, que van a desequilibrar la balanza.
Además cree que es importante hacer notar que la baja representación de la derecha ha provocado que el sector empresarial e industrial eleve el temor de que se tomen medidas que impidan que Chile pueda continuar con políticas pro libre mercado, como ha sido su tradición los últimos 30 años. “De que cambien el modelo chileno de una forma más pronunciada de lo que se esperaba”.
Aninat no cree que las elecciones de la Constituyente sean necesariamente un panorama a seguir para los comicios generales, pero son un indicativo de las preferencias de la población y de la “temperatura ambiente” después del estallido social.
Luego de que termine la Convención Constituyente, que durará entre 9 y 12 meses contando desde junio, la propuesta de nueva Constitución que salga será sometida a votación popular, si la mayoría lo aprueba se la acoge y si no, seguirá vigente la Constitución actual, que pese a haber sido diseñada bajo la dictadura, fue usada luego por los presidentes desde el regreso a la democracia en 1990 y reformada varias veces. La más profunda fue la que hizo el mandatario Ricardo Lagos (2000-2006), quien dijo que con ello la carta magna ya no provocaría división. Sin embargo, parece que no ocurrió eso.
Los argumentos principales son ahora que se necesita más estado y menos protección del capital y del mercado, además de pasar de lo que llaman un hiperpresidencialismo a un modelo semipresidencial y/o semiparlamentario, puesto que ya van varios periodos en que los presidentes no tienen apoyo en el Parlamento, provocando debilidades en la gobernabilidad.
Pero solo se podrá saber el resultado final de este episodio político en 2022. (I)