El ataque de un grupo de hombres armados contra una iglesia católica en Nigeria durante la misa del domingo dejo al menos 21 muertos y 40 heridos, entre ellos niños, desatando la alarma en el país más poblado de África.

Richard Olatunde, portavoz del despacho del gobernador del estado de Ondo, indicó a la AFP que hubo una explosión con dinamita dentro de la iglesia en la localidad de Owo antes de que hombres armados abrieran fuego por las ventanas mientras se celebraba una misa.

El lunes, enormes manchas de sangre seguían en las baldosas, las paredes y los bancos de madera de la iglesia, testimonio de la violencia de la masacre, indicó un periodista de la AFP en el lugar. Había restos humanos en el suelo.

El ataque tuvo lugar durante la misa matutina en la iglesia católica de San Francisco en la localidad de Owo, situada en el suroeste del país, una región en que resultan poco habituales los atentados yihadistas y de bandas criminales.

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Tras la matanza el domingo, el papa Francisco lamentó este lunes la muerte de “decenas de fieles, entre ellos numerosos niños, durante la celebración del Pentecostés”, la fiesta cristiana que celebra la venida del Espíritu Santo, indicó su servicio de prensa en un comunicado.

En un telegrama dirigido al obispo de Ondo, el Vaticano indicó que el pontífice siente “una profunda tristeza” por “el horrible ataque”, dijo el cardenal secretario de Estado Pietro Parolin.

El papa comunicó a “todos los afectados por este acto de violencia indecible su cercanía espiritual”, añadió.

El ataque ocurrió durante la celebración de Pentecostés en esa iglesia católica del Estado de Ondo, poco afectado hasta ahora por los ataques yihadistas y de bandas criminales, activas en otras regiones del país.

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Ibukun Odunlami, portavoz de la policía en la región de Ondo dijo a la AFP que los asaltantes entraron a la iglesia con armas de fuego y explosivos.

El padre Andrew Abayomi, que dirigía la misa, explicó a AFP que los fieles consiguieron cerrar la puerta de la iglesia y él pudo esconderse junto a otros, incluidos niños, en la sacristía durante 20 minutos antes de salir.

“He visto algunos muertos, una mujer tiroteada debajo del autobús”, dijo el religioso.

Otro superviviente, Bade Salawu, recuerda la incredulidad al escuchar disparos dentro del templo. “No vinieron a robar nada, no vinieron a secuestrar a nadie... Su objetivo era solo asesinar y destruir”, indicó.

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“Pasaba por el barrio cuando oí una fuerte explosión y disparos en el interior de la iglesia”, explicó otro testigo llamado Abayomi, que pudo ver al menos cinco atacantes en la iglesia antes de huir.

El gobernador del estado de Ondo, Oluwarotimi Akeredolu, urgió en un comunicado a las fuerzas de seguridad a que encuentren los autores de este “ataque ruin y satánico”.

De momento, se desconocen los responsables y las motivaciones del ataque, descrito por el presidente nigeriano, Muhammadu Buhari, como “un asesinato odioso de fieles”.

El atentado ocurre justo antes de que su partido, el APC, lance sus primarias para designar un candidato para las elecciones presidenciales de 2023, que supondrán el fin del mandato de este antiguo comandante militar.

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La seguridad es un importante reto en el país más poblado de África y la mayor economía del continente.

Los ataques contra los lugares religiosos son especialmente sensibles y aumentan la tensión en Nigeria, mayoritariamente cristiana en el sur y musulmana en el norte.

Este tipo de acciones no son habituales en el suroeste, normalmente exento de la violencia que sacude otras partes del país.

En cambio, desde hace 12 años, las fuerzas de seguridad enfrentan una insurrección yihadista en el noreste del país, mientras que grupos criminales cometen secuestros multitudinarios en el noroeste y el centro y en el sureste operan grupos separatistas. (I)