El cubano Mario Salcedo, quien residía en Miami, saltó a la fama como el “hombre más feliz del mundo”, porque lleva 22 años viviendo en el mar, sin ser marinero o capitán de barco.

Esta historia fue grabada en documental por la periodista Lace Oppenheim del New York Times. Fue este trabajo el que le otorgó la fama luego de contar su vida a bordo del crucero Enchantment of the Seas de la compañía Royal Caribbean.

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“El hombre más feliz del mundo” vive en un crucero desde 1999

Salcedo decidió alejarse de tierra firme para vivir una vida “distinta” a la del resto de las personas. De crucero en crucero, el cubano de 72 años, afirma orgullosamente que vivir la vida en un crucero es básicamente escapar de la realidad.

Sales del mundo que conoces y dices ‘no quiero ser parte de ese mundo nunca más’. Quiero crear mi propio mundo, mi propia realidad

Al hombre le conocen como “Súper Mario” en los barcos que aborda y explica en el documental que “la gente viene aquí para pasar unas vacaciones. Yo no, yo estoy aquí para vivir mi vida”.

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Sobre sus seres queridos, asegura que “si hubiera querido hacer una vida en tierra, la habría hecho. Si hubiese querido tener hijos y formar una familia, no estaría aquí” y considera a los pasajeros sus familiares, “mi familia está aquí”.

Ve los acontecimientos del mundo desde la televisión

Para Salcedo lo más importante es evitar los problemas que asegura conlleva vivir en tierra firme. “No tengo hipoteca, no tengo que sacar la basura, no tengo que limpiar…”, confiesa añadiendo que “ahora tengo todo el tiempo del mundo para hacer lo que quiero hacer”.

En 1997 se embarcó en una aventura náutica. Salcedo compró un boleto para disfrutar un viaje en crucero y la experiencia fue tal, que dos años más tarde decidió vivir el resto de su vida navegando.

Tener toda la vida trabajando en el mundo de las finanzas le permitió económicamente costear su estadía permanente en cruceros.

“Súper Mario” tiene claro que no volverá a tierra. Mientras tanto, pasea por la cubierta de los cruceros, se relaja tomando su whisky favorito, disfruta de los espectáculos nocturnos y sigue atento lo que pasa en el mundo a través de la televisión e Internet, alejado de la realidad. (I)