Investigadores de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, de la University of Wollongong y del Instituto Nacional de Biodiversidad (Inabio) analizaron cómo los gradientes ambientales influyen en la morfología de lagartijas ecuatorianas del género Stenocercus.

Este estudio, desarrollado por David Brito-Zapata, Diego F. Cisneros-Heredia, Omar Torres-Carvajal y Carolina Reyes-Puig, constituye “uno de los primeros análisis integrales sobre patrones biogeográficos y alométricos en reptiles del Ecuador”, destaca el Inabio en un comunicado.

Durante la fase investigativa, según la entidad, los científicos evaluaron 182 especímenes adultos de 12 especies de Stenocercus, utilizando datos de colecciones científicas nacionales.

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Luego, analizaron las variables morfológicas de esta especie, como su longitud corporal, tamaño de la cabeza y la extensión de sus extremidades, integrándolas con información climática y altitudinal. Tras esta revisión, los especialistas no encontraron una relación significativa entre el tamaño corporal y la elevación.

Lo que sí se evidenció, de acuerdo al comunicado del Inabio, es que “las especies que habitan en mayores elevaciones presentan extremidades posteriores más cortas, y la elevación y la estacionalidad de la precipitación fueron las variables ambientales con mayor influencia en la distribución de las especies”.

En tanto, los ejemplares que se ubican a menor altitud tienen extremidades más largas, se detalla en el estudio.

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El Inabio resalta que estos resultados aportan evidencia sobre cómo ciertos rasgos morfológicos pueden estar asociados a gradientes ambientales en reptiles andinos.

Y, además, genera una base científica relevante para futuras investigaciones sobre adaptación morfológica y posibles efectos del cambio climático en los reptiles ecuatorianos.

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En Ecuador se han identificado 17 especies de lagartija Stenocercus en las tierras bajas y altas del Pacífico y la Amazonía, en ambas vertientes de los Andes. Mientras que en Sudamérica se reportan más de 80 especies de este reptil.

En estos ejemplares, según el Inabio, la temperatura ambiental desempeña un papel fundamental en el funcionamiento normal de procesos biológicos como la termorregulación, la reproducción y la alimentación.

“Comprender estas relaciones proporciona herramientas valiosas para la conservación de las especies, en particular dados los graves efectos del cambio climático en el planeta”, añade el Inabio en el comunicado. (I)