Impulsar una bioindustria comunitaria basada en especies aromáticas y medicinales del Oriente es la transformación que se gesta en medio de la selva amazónica ecuatoriana.

Se trata de un proyecto desarrollado en el Puyo por la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL). Esta institución inauguró una planta de extracción de aceites esenciales capaz de procesar entre 240 y 280 kilogramos diarios de material vegetal.

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“Nace de la necesidad de contar con infraestructura para generar transformación de productos en la Amazonía. No es la primeraplantaque existe, pero en este caso se desarrolla en un contexto universitario que pretende brindar un espacio para el desarrollo de ideas, quitando uno de los principales problemas que tienen los bioemprendimientos en su nacimiento”, asegura Omar Malagón, docente de la UTPL y director del proyecto.

La planta tiene una inversión que sobrepasa los $ 40.000 y un trabajo participativo con siete comunidades indígenas de nacionalidades quichua, shuar y huaorani en la provincia de Pastaza, “con las que estamos codesarrollando el proyecto”, dice Malagón.

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¿Qué especies se usarán?

Laplantaproducirá aceites esenciales de especies aromáticas y medicinales amazónicas, tanto de especies con mercado conocido como de especies nativas que están en proceso de validación científica y comercial, dice Malagón. Entre las especies priorizadas está la hierba luisa.

“Estamos investigando especies con potencial en industrias como cosmética, perfumería, aromaterapia, de bienestar”, señala y agrega que la materia prima proviene de procesos de bioprospección.

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Por el momento, de acuerdo con Malagón, la producción tiene un propósito piloto, técnico y estratégico: validar calidad, protocolos de extracción, trazabilidad y condiciones de manejo sostenible antes de escalar comercialmente.

Entre las especies usadas está la hierbaluisa. Cortesía UTPL

“La venta es una fase posterior; estamos haciendo evaluaciones de mercado local e internacional. La apuesta es desarrollar mayor valor agregado”, indica y añade que laplantapuede procesar entre 240 y 280 kilogramos de material vegetal por día y producir hasta 4 kilogramos diarios de aceite esencial, dependiendo de la especie trabajada.

Cuenta con un deshidratador con capacidad de 90 kilogramos por lote, un molino que procesa hasta 100 kilogramos por hora y una centrífuga que mejora la calidad del aceite esencial al eliminar residuos de agua, menciona Malagón.

Además, disponen de áreas de selección, limpieza, control de peso y almacenamiento, fundamentales para garantizar la calidad del producto final.

“Los fondos que en futuro se logren, estando consolidada la bioindustria, tendrán un esquema de distribución justa de beneficios, donde las comunidades serán las beneficiarias. Este proyecto busca reducir la pobreza y aumentar la resiliencia climática”, opina.

Nuevas contrataciones

Por ahora, laplantaes administrada por técnicos y docentes de la Universidad Técnica Particular de Loja, aunque, según Malagón, se prevé que en el futuro los propios bioemprendimientos comunitarios generen empleo y nuevas contrataciones locales.

La planta no tiene de momento la visión de servir de prácticas para estudiantes, pero sí como un espacio de fortalecimiento de capacidades para las comunidades y para otros que deseen transformar productiva y sustentablemente la Amazonía”, dice Malagón.

Más allá de la producción de aceites esenciales, el proyecto busca posicionar a la región como un referente nacional en bioeconomía y aprovechamiento sostenible de la biodiversidad, apunta.

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Sostiene que el modelo podría replicarse en otras zonas, como en territorios donde la biodiversidad representa una oportunidad para desarrollar economías sostenibles sin comprometer los ecosistemas.

Mariela Mashinkiash, vicepresidenta de la Federación de la Nacionalidad Shuar de Pastaza, señala que este tipo de proyectos reconoce el conocimiento de sus comunidades y abre oportunidades para mejorar las condiciones de vida sin perder la identidad.

“El enfoque es claro: convertir biodiversidad amazónica en productos de valor agregado, sin romper la base ecológica que la hace posible”, destaca Malagón. (I)