En el video de YouTube se ve a una mujer susurrando varias frases y realizando sonidos con su boca. A la par, empieza a raspar con sus uñas, con un estropajo y un cepillo de dientes la superficie de un micrófono. El procedimiento lo repite por casi 15 minutos.

Este tipo de audiovisuales los mira Carlos, de 16 años, para “relajarse” y dormir casi todas las noches. Indica que los sonidos que escucha le generan “tranquilidad”. Este tipo de contenidos, que se viralizan en redes sociales como TikTok, YouTube y Twitch, se los conoce como videos ASMR (respuesta sensorial meridiana autónoma, en español) y son capaces de provocar “hormigueos cerebrales”, dicen las personas que los consumen.

A esta tendencia también se suman los videos en streaming en que los jóvenes observan a personas realizar actividades cotidianas como jugar videojuegos, comer o simplemente estudiar.

Un estudio científico publicado en la Revista de la Asociación de Contenidos de Corea del Sur indica que el espectador busca estos videos para responder a varias necesidades: autoevaluación y mejora, estimulación y relajación sensorial, entretenimiento, escapismo y pasar el tiempo o seguir las tendencias de moda.

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Observar videos como los de ASMR da una sensación de estabilidad y comodidad al descansar tu cerebro y sacar buenos recuerdos del pasado”, afirma la investigación.

La tendencia de los videos de jóvenes estudiando toma el nombre de ‘gongbang’ y nació en Corea del Sur. La palabra proviene de ‘gongbu bangsong’, que literalmente significa “transmisión de estudio”.

De hecho, el audiovisual Estudia conmigo en la biblioteca pública de Nueva York ha sido visto más de un millón de veces. Y hay muchos canales populares. Uno de los más exitosos es El hombre sentado a mi lado, que cuenta con más de 50.000 seguidores.

Sin embargo, observar a menudo este tipo de contenidos puede plantear la duda de si se está desarrollando algún problema psicológico. Para el psicólogo Jorge Luis Escobar, disfrutar al ver las actividades que realizan otras personas es cotidiano.

El fisgoneo siembre ha sido gratificante para los humanos y ha sido parte de la dinámica social. Las revistas, los videos, las películas nos permiten involucrarnos en eso”, dice.

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En tanto, Martha Martínez, también psicóloga, afirma que nada en extremo es bueno: “Es normal que nos da curiosidad ver lo que hacen los demás, de ahí a que solo sea lo único que hagamos por supuesto que es un problema psicológico”.

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Aunque aclara que ver estos videos no se puede considerar como una actitud fetichista, ya que “el fetiche es un objeto al que se le rinde culto. No es el caso”.

Pero afirma que los padres sí deben ubicar límites a sus hijos para observar este tipo de contenidos: “Los hijos deben tener su horario cotidiano, el cual debe ser cumplido y llevado a cabo con la rigurosidad necesaria para formar buenos hábitos, bajo esta premisa los hijos no deberían tener tiempo para ver este tipo de videos que no conducen a nada positivo y que pueden sencillamente despertar el morbo de observar la vida ajena”.

Educar emocionalmente a los jóvenes serviría de mucho, dice Escobar, pero para eso se necesita que los padres dejen de ser analfabetos emocionales. Añade que cuando el padre se sienta a ver un partido de fútbol, una novela, una serie, es lo mismo que realiza su hijo al ver videos ASMR, por ejemplo: “Los adultos debemos reeducarnos y decidir que cuando haya un partido de fútbol no lo voy a ver y, en cambio, voy a jugar fútbol con mi hijo. Entonces, en vez de que los chicos estén viendo jugar videojuegos, es mejor que ellos jueguen. O en vez de ver gente haciendo tarea, que padre e hijo se sienten a hacer la tarea juntos”.

ASMR: el fenómeno sonoro que creció a inicios de la pandemia

Aunque Martínez realiza una precisión sobre los videos ASMR: “Si tú decides que este tipo de ruidos o de sonidos te relaja, lo más probable es que así suceda. Sin embargo, es preferible recurrir a música que ha sido creada especialmente dentro de compases y tonos que logren tocar fibras auditivas que emitan impulsos a nuestro cerebro en las zonas que dominan la relajación del cuerpo”.

Escobar añade que, muy probablemente, por el tema del encierro muchos comportamientos variaron y la adaptabilidad del ser humano hace que migremos a estilos como este tipo de contenido. Indica que hay personas, por ejemplo, que encienden el televisor para arrullarse y poder dormir.

Ahora no todos somos iguales y podemos tener estímulos que para unos son extremadamente placenteros y para otros son 180 grados displacenteros. Hay gente que puede arrullarse o tranquilizarse con cosas tan bizarras y contradictorias para el estándar normativo que podríamos cuestionarlo”, indica.

Observar gente estudiando generaría acompañamiento y puede sustituir a las bibliotecas

La tendencia del gongbang ha creado sorpresa, especialmente en el entorno académico, indica María Gómez, directora de Innovación Didáctica de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

Afirma que este comportamiento estaría sustituyendo a las bibliotecas y esto se incrementó por la pandemia. Señala que el ser humano es sociable incluso para tareas como estudiar, por lo que la obligación de estar encerrado supuso un reto que con el gongbang lo fueron superando ciertos jóvenes que vieron en esta tendencia una opción para simular el entorno de una biblioteca.

Este tipo de contenido ha tenido bastante éxito en la plataforma Twitch. De hecho, en esta plataforma se puede visualizar a personas haciendo otro tipo de actividades por varias horas.

Esto pareciera menos interactivo, más de consumo unidireccional, pero se están simulando cosas que a lo mejor los jóvenes necesitan, un acompañamiento”, dice.

Según la docente, esto también genera la interrogante de si los centros educativos deberían implementar este tipo de canales para conectar con los estudiantes: “La duda está en saber si esto solo funciona como aprendizaje informal, pero de que se debe intentar claro que sí, ya que es un espacio de estudio compartido”. (I)