<b>Por Sonia Yánez Blum</b> (Twitter: <a href="https://x.com/soniayanezblum">@soniayanezblum</a>)Hace tiempo que la política dejó de vivir en los mítines. Hoy habita en hilos de Twitter, audios filtrados, <i>deepfakes </i>y comentarios que se disparan más rápido que las encuestas.Las elecciones en Ecuador —como muchas otras en América Latina— nos dejaron una lección incómoda: no sabemos (todavía) cómo se decide un voto en la era digital.<a href="https://www.eluniverso.com/noticias/politica/el-triunfo-de-daniel-noboa-en-segunda-vuelta-es-el-cuarto-mas-holgado-desde-el-retorno-a-la-democracia-nota/">El triunfo de Daniel Noboa en segunda vuelta es el cuarto más ‘holgado’ desde el retorno a la democracia</a>¿Fue Daniel Noboa quien ganó con propuestas?, ¿Noboa entendió algo que su contrincante no?, ¿o fue Luisa González quien perdió ante la sombra de representantes de un correísmo que no supo cuándo dar un paso al costado? Lo cierto es que el voto se cocinó en conversaciones informales, en videos reenviados por WhatsApp, en el rechazo a lo predecible. Se movió más por reacciones ciudadanas que por <i>spots</i>.Quizás hubo una presión silenciosa pero real, por llevar una foto que demostrara por quién se votó. O tal vez fue solo la percepción de que cierto grupo político sería capaz de exigirlo para llegar al poder —fuera cierto o no— lo que terminó minando su credibilidad.A eso se sumaron las conversaciones filtradas entre representantes de la Revolución Ciudadana (RC5), atacándose entre sí y dejando en evidencia, con sus propias palabras, el interés por controlar todo. Ese ruido interno hizo más creíble la denuncia sobre la presión ejercida por GDO (grupo de delincuencia organizada) en los barrios para que la gente votara con foto en mano.¿Y las encuestas? Las encuestas miraban otro país.Aunque se esperaba que los jóvenes fueran decisivos debido a su alta presencia en redes sociales, el voto facultativo de adultos mayores tuvo un impacto inesperado. Este grupo demográfico mostró una mayor disposición a cambiar su preferencia electoral en respuesta a factores emocionales y percepciones sobre liderazgos pasados. ¿Cuáles encuestas tomaron en cuanta el factor adulto mayor?<a href="https://www.eluniverso.com/noticias/politica/asi-va-el-mapa-electoral-de-ecuador-tras-las-elecciones-del-13-de-abril-nota/">Así va el mapa electoral de Ecuador tras las elecciones del 13 de abril</a>Fue un voto silencioso, pero con memoria.Un no a Nicolás Maduro, un no a Rafael Correa, o quizás un desengaño acumulado ante errores, excesos y filtraciones que erosionaron la confianza.Este fenómeno nos recuerda que las dinámicas digitales no siempre predicen comportamientos electorales reales.Lo que se viraliza, no siempre se vota.En este nuevo ecosistema, es urgente recordar que la <b>comunicación política no es marketing político</b>. Mientras la primera busca generar diálogo, escucha y confianza, el segundo muchas veces se reduce a repetir mensajes con tono de venta.Y cuando esos mensajes invaden cada pantalla con comerciales, videos y contenido patrocinado, el resultado es rechazo o por lo menos fastidio. La saturación generó distancia, no adhesión.Hay una diferencia entre estar presente y ser percibido como oportunista. En este escenario, la reputación digital es una bomba de tiempo.Basta una llamada filtrada o un error en cámara para que la narrativa cambie por completo. Y si a eso le sumamos los <i>deepfakes</i> y la desinformación… estamos ante un terreno inexplorado que ni el marketing político tradicional ni los consultores de siempre saben manejar (hace dos años entrevistamos al experto en este tema <a href="https://www.eluniverso.com/noticias/politica/san-wolley-las-elites-politicas-han-descubierto-como-desinformar-en-redes-sociales-nota/">Samuel Woolley para EL UNIVERSO</a>). Hoy en este 2025, algunos recién empiezan a ver el peso que tiene la capacidad de enfrentar los embates de la desinformación al ganar una elección.<br/><b>Ya no basta con tener “una buena campaña”. </b>Hoy se necesita una narrativa viva, que muta con los algoritmos, resiste ataques digitales y conecta con una ciudadanía que decide en segundos… y se decepciona en milisegundos.Hace falta una estrategia que se adelante a la desinformación, porque si algo es seguro en cualquier campaña es que va a estar presente. La comunicación política no es marketing. Es estrategia, empatía y capacidad de navegar el caos informativo sin perder la esencia.Y como sociedad, nos toca madurar.No todo lo viral es verdad. No todo lo que emociona merece un voto. Pero tampoco todo lo que se diseña desde una oficina de campaña logra leer el pulso real de una ciudadanía que ya no quiere propaganda. Quiere transparencia.El reto está sobre la mesa. Ahora hay que aprender a comunicar en este nuevo orden (des)informativo.<br/><br/><br/>