Modelos climáticos internacionales advierten que en 2026 podría configurarse un fenómeno de El Niño intenso denominado como ‘súper El Niño’.

El profesor de Ciencias Atmosféricas Paul Roundy, de la Universidad Estatal de Nueva York en Albany, advirtió -en un artículo publicado por The Washington Post- sobre la posibilidad de que se trate del episodio más fuerte en 140 años.

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El pronóstico del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas (ECMWF) da cuenta de que este escenario, incluso, podría extenderse hasta 2027.

Durante un evento de este tipo, el calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial supera los 2 grados por encima del promedio, lo que altera los patrones climáticos a escala mundial.

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Estos episodios, que ocurren cada 10 a 15 años, suelen provocar sequías, inundaciones, olas de calor, cambios en la actividad de huracanes y una fuerte respuesta atmosférica que alcanza su pico entre diciembre y enero.

Las proyecciones apuntan a impactos diferenciados por regiones. Países como Perú y Ecuador podrían enfrentar lluvias intensas e inundaciones.

El fenómeno también tendría efectos en la agricultura y podría llevar las temperaturas globales a niveles récord, especialmente en 2027. Expertos advierten que este evento podría convertirse en el más intenso en más de un siglo, superando incluso al registrado en 2015.

La situación actual en Ecuador y la necesidad de acción

A pesar de estas proyecciones, aún existe incertidumbre sobre su magnitud o si este pudiera generarse. De hecho, expertos aseguran que, más allá de una alarma a la población, esta advertencia marca un punto de partida o de reconfiguración de acciones por parte de los países.

En Ecuador, en la última reunión del Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno de El Niño (Erfen) del 26 de marzo, se mencionó que, a nivel del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), todavía se mantenía en una fase de La Niña, pero con expectativa de una transición hacia una condición neutral.

“Estamos en una fase de La Niña, pero se espera una transición hacia una condición neutral, es decir, sin predominio de El Niño ni La Niña en el corto plazo, con una probabilidad del 90 % de que se presenten entre marzo y mayo de 2026″, detalló el comunicado oficial.

Según la instancia, los valores actuales de la temperatura del mar mantienen al índice IEFEN en estado de observación. En ese sentido, señaló que, aunque no hay un evento El Niño activo en Ecuador, “el monitoreo de los próximos meses será clave para determinar si estas variaciones son normales o si podrían evolucionar hacia un evento cálido de mayor escala”.

La preparación ante eventos extremos

Para Omar Montaño, catedrático y perito en materia de Ciencias Biológicas y Ambientales, con la advertencia de la posibilidad de que se configure un fenómeno intenso en este año, es clave fortalecer los sistemas de monitoreo, la educación ciudadana y la coordinación entre instituciones de primera respuesta. Esto con el fin de reducir los efectos de un evento que, de concretarse, podría ser más intenso que los registrados en décadas pasadas.

En ese sentido, aseguró que el país debe prepararse no solo para el fenómeno, sino para eventos extremos que pudieran darse en diferentes sectores. Por ejemplo, citó que un incremento sostenido de la temperatura podría alterar la cadena alimentaria.

“Podría desaparecer la base de alimentación de otras especies”, explicó.

Montaño recalcó que Ecuador no es ajeno a los impactos del fenómeno de El Niño, pues vivió eventos de gran magnitud en 1982 y 1997, que dejaron graves afectaciones.

Por esta razón, insiste en que el país debería estar hoy mejor preparado sea que se dé el evento como se pronostica o sea en menor magnitud. Tomando en cuenta, además, que existió una alerta en 2023 que también derivó en la elaboración de planes de prevención.

Prevención y resiliencia ante desastres

El enfoque no debe centrarse únicamente en la amenaza de la posibilidad de llegada del fenómeno -que pudiera o no concretarse-, sino en las condiciones previas del territorio y en la identificación de las vulnerabilidades del país, mencionó David Benavides, docente y coordinador de la maestría en Gestión de Riesgos de la Escuela de Riesgos de Desastres de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE).

El catedrático recalcó que escenarios como inundaciones o deslizamientos son difíciles de controlar. Sin embargo, sí es posible reducir sus efectos mediante mejoras estructurales. En ese sentido, la planificación territorial y la infraestructura cumplen un papel clave según su visión.

Para Benavides, se debe apostar y priorizar la prevención. “Si usted invierte en prevención $ 1, se ahorra $ 14”, destacó. Entre las acciones clave están fortalecer los sistemas de alerta temprana, integrar el cambio climático en la planificación territorial y desarrollar infraestructura resiliente.

Citó al Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, que es un instrumento internacional de la ONU adoptado en 2015 para prevenir nuevos riesgos, reducir los existentes y aumentar la resiliencia.

“El ciudadano tiene que participar y dar seguimiento”, afirmó Benavides, quien coincidió en que en este tipo de posibles escenarios la educación, los simulacros y el trabajo conjunto entre autoridades, sector privado y comunidades podrá fortalecer la resiliencia frente a desastres. (I)