Las calles del centro histórico de Quito guardan un sinfín de momentos. Historias, leyendas, arquitectura, turismo y personas comunes haciendo cosas novedosas se pueden encontrar en el casco colonial de la capital.

Anthony Pilco es uno de ellos. Un joven de 27 años que es guía turístico, pero se hace llamar gestor cultural. Él representa a una fundación que intenta descubrir Quito al desnudo, por el nombre de dicha organización: Chirisike.

“Nosotros decidimos hacer este proyecto para contar historias y mostrar lugares que no se muestran comúnmente en Quito y en Ecuador. Mucha gente nos ha dicho que nosotros les contamos esa parte que nunca les han contado, es decir, les mostramos ese Quito al desnudo. Ahí me quedé con esa idea y me acordaba cómo éramos de guaguas y nos decían ‘chirisike’ nuestras mamás cuando estábamos jugando en el frío", inició el muchacho.

Publicidad

El museo rodante consta de tres cajas, un pequeño banco de energía, además de una zona wifi. Foto: Carlos Granja Medranda

De guayabera blanca, pantalones negros, una boina negra y un bolso que colgaba de ambos hombros, Anthony lleva en su mente la frase que su mamá le repetía a diario: ¡Ponte chompa, ve, guambra chirisike! De allí viene este curioso nombre Chirisike y los proyectos que han desembocado de esta creación.

El museo rodante, una propuesta innovadora

Entre la calle García Moreno y Sucre, el quiteño llegó empujando un scooter eléctrico. Tres cajas estaban empotradas a la altura del volante y un gran letrero en la cima rezaba: Museo Rodante.

Todos hacen la misma expresión cuando lo ven. Como si se preguntasen ¿de qué se trata? En ese momento, Anthony lo explicó.

Publicidad

Publicidad

“Es un capricho mío en realidad. Soy guía nacional de turismo y siempre me gusta estar buscando lugares nuevos. Ahí nació esto de tener mi propio museo que pueda llegar a todas partes, porque los museos principales están en la ciudad, pero no están en las parroquias rurales o barrios periféricos; entonces, ahí dije haré un museo que pueda contar muchas historias, mostrar curiosidades y que esté al alcance de todos", contó.

El proyecto en su totalidad es autogestionable, pero Anthony expende estampas de diversos oficios extintos en Quito Foto: Carlos Granja Medranda

Bajo el letrero, al pequeño museo lo adornan tres cajas de madera, pintadas de color negro. En una se muestran planos y fotografías de antiguas profesiones, algunas ya extintas, de la ciudad. En la segunda se exhibe una galería ambulante con estampas del Quito antiguo y en la tercera, varias reliquias que Anthony consiguió en sus múltiples visitas a comunidades, poblaciones o parroquias rurales.

Publicidad

Proyectos adicionales y filosofía

“Como fundación tenemos un proyecto que es básicamente mostrar la otra cara de Quito y del Ecuador. Así empezamos un proyecto de reactivación cultural y turística que se llama Ecuador Vale la Pena. La idea es viajar por todo el país recopilando historias, haciendo exposiciones y minidocumentales para redes sociales", comentó.

Cada vez que viaja o se desplaza a estas zonas, los vecinos aprueban el emprendimiento y reciben a Anthony con una sonrisa. Ahí le regalan cosas o le obsequian sus pertenencias, artículos simbólicos de la comunidad.

“Por ejemplo, acá tenemos piedras de obsidiana de más de 10.000 años, recopiladas de la parroquia de La Merced, que es piedra volcánica que nuestros primeros pobladores usaron para cortar la carne y para la cacería. En un museo la encuentran detrás de la vitrina, acá está al alcance de su mano. Eso queremos hacer: romper la barrera del museo tradicional y llegar a todo el mundo", agregó.

Autogestión y alcance del museo rodante

Su proyecto es autogestionado y por ello, cada vez que sale a las calles, conversa con la gente y comparte su conocimiento histórico, pide una colaboración de $ 0,50 por unas estampas que llevan el nombre de la antigua profesión y la persona que lo practicaba. Se puede encontrar al famoso capariche, que ahora son los típicos barrenderos de ciudad.

Publicidad

La última adquisición de su museo rodante es una dulzaina, instrumento de viento que se puede elaborar en madera o metal.

“Es un instrumento musical que nos obsequiaron en Chavezpamba y fue la segunda parroquia que visitamos; es hecho de lata y son famosos por su utilidad en las fiestas populares del sector. No hay gente que fabrique, maneje o quien las toque como lo hacían nuestros ancestros”, explicó.

La principal característica del museo es que es amigable con el medioambiente, ya que Anthony lo fabricó con implementos reciclables y cosas que se encontró en la bodega o le pertenecían a alguien de su familia.

“En la bodega recordé que tenía mi scooter que lo uso para transportarme por aquí mismo y dije montémoslo ahí. Hice los planos, dibujé y ahí nació esto. Tenemos la parte de la exhibición, logística, que se trata de un pequeño banco de energía que nos alimenta las luces ledes, y también tenemos una zona de internet wifi“, añadió Anthony.

Su objetivo es ayudar a los turistas, nacionales y extranjeros, cuando necesitan llegar a una dirección exacta o no conocen dónde queda un museo o atractivo turístico. “A veces se nos acercan, nos piden información, entonces acá también tenemos internet, en un rúter de bolsillo, para el servicio de la gente”, afirmó.

Impacto y futuro

A lo que Anthony llama el primer museo rodante de Quito y del Ecuador tiene apenas un recorrido de dos semanas. Un video en la red social de TikTok se hizo viral y con su grupo de socios y amigos decidieron sacarlo a la calle para ver la respuesta de la gente.

Algo que pudo ser palpable de inmediato, porque mientras se generaba la entrevista, un ciudadano oriundo de Barcelona, España, se acercó al scooter y felicitó a Anthony por el proyecto, augurándole un gran futuro, debido a que son detalles que él no ha visto a pesar de viajar por diferentes partes del mundo.

El proyecto de la fundación Chirisike, tal cual lo dice su propietario, es de la calle para la calle, del pueblo para el pueblo. Sin embargo, más allá de la autogestión, la organización ha implementado mecanismos de ganancia económica a través de caminatas patrimoniales.

“Las hacemos dos veces por mes, entonces cada caminata es a un lugar nuevo en Quito que no es un museo o plaza. Visitamos barrios periféricos, fábricas abandonadas, criptas, morgues, cementerios, antiguos penales, hospitales antiguos, túneles subterráneos y lugares que la gente no va", expuso.

Junto a la idea del museo rodante, Anthony también exhibe camisetas con los nombres de los barrios tradicionales de Quito. Foto: Carlos Granja Medranda

En medio de una gran rotonda de estudiantes de colegio, Anthony sacó varias camisetas negras que tenían el nombre de un barrio de Quito en el pecho: La Tola, San Juan, Cotocollao o Carcelén eran parte de la vestimenta que se vendía en el museo rodante por $ 15. (I)