En el sur de Quito, un grupo de varios adultos mayores ingresaba a un salón con reposteros, vasijas, tablas de picar, utensilios, platos, vasos y más artículos de cocina. Grandes cortinas tapaban el inclemente sol de Quito que caía sobre la zona el pasado jueves, 2 de abril.

Varios jóvenes, entre ellos estudiantes universitarios de varias carreras, confluían en el mismo espacio. Unos picaban el alimento, otros movían mesas y los últimos ayudaban a los adultos mayores con las cosas y los ubicaban en sillas.

La risa, las anécdotas, los juegos y la alegría eran parte del panorama que se iba a poner más intenso cuando una especialista levantó a los abuelitos y los alineó en dos filas. El objetivo era empezar el día en movimiento, dijo la profesional.

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Así, entre canciones pegajosas, ella hizo que los adultos mayores muevan sus manos, troten en el mismo sitio, bailen al ritmo de la música y suelten todo lo que les aqueja: enfermedades, contracturas, problemas y demás.

Personas de la tercera edad, participan en el proyecto "Cuidando la Edad Dorada" una iniciativa que promueve la nutrición y bienestar en los adultos mayores en Ecuador. Foto: Carlos Granja Medranda

Un proyecto educomunicacional para la edad dorada

No obstante, no era un simple taller para las personas de la tercera edad, sino la posibilidad de visibilizar un proyecto educomunicacional que dos estudiantes de la Universidad San Francisco fusionaron con el fin de ‘Cuidar la edad dorada’.

“Estoy realizando una campaña de educomunicación con base en el adulto mayor. Buscamos nutrición y bienestar para ellos. En la actualidad nos enfocamos en los niños, animales y dejamos de lado a los abuelitos.

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Queremos visibilizar esta vulnerabilidad en estos años que tienen y poder ayudar a los cuidadores para que ellos puedan tener conocimiento de cómo tratar a nuestros adultos mayores”, sostuvo Analy Corella, joven de 26 años, pionera de esta iniciativa que dijo ser estudiante de comunicación organizacional.

Uno de los retos más difíciles es fomentar el cuidado, respeto y respaldo hacia los abuelitos en los más jóvenes.

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“Queremos, en primer lugar, visibilizar y entender que tenemos un problema. En la actualidad se los ha relegado y debemos ser conscientes que muchos de ellos viven en la extrema pobreza, no tienen familia que los acoja porque los abandonan.

Quienes los ayudan son vecinos, pero lo hacen desde la voluntad y el desconocimiento, nosotros vamos a intentar ingresar desde esa base", manifestó Analy.

Docentes, deportistas, artistas, ingenieros, guardias de seguridad, amas de casa y más profesiones se alinean en grandes mentes que ahora tienen una que otra cana, arrugas en el rostro, caminan más despacio, pero aún sienten la energía para continuar viviendo.

Personas de la tercera edad, participan en el proyecto "Cuidando la Edad Dorada" Foto: Carlos Granja Medranda

El impacto del abandono y la falta de empatía

La ternura de quienes vuelven a ser niños, es algo que la iniciativa busca fomentar. El principio absoluto para saber que el abandono, la despreocupación y la falta de empatía obligan a que los abuelitos pierdan su esencia y caminen en un mundo sin que nadie los vea.

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“Mi proyecto se llama ‘Envejecer plenamente’. El objetivo es derribar los estigmas y estereotipos asociados a la vejez. Debemos educar a las generaciones más jóvenes con todo lo que es envejecer.

Por ello vamos a estar realizando diferentes talleres de distintas índoles”, mencionó Camila Escobar, estudiante de comunicación de la Universidad San Francisco.

Para Camilia, la familia de una persona de la tercera edad o ‘Edad Dorada’ es fundamental. Desde ahí se puede conseguir que ellos tengan un lugar pleno para vivir.

“Descubrimos que desde el núcleo familiar hay inconvenientes. Es decir, familias, cuidadores y quienes comparten más con los adultos mayores deben empezar a cambiar. Hay que tratarlos como personas con valor y así juntar a los demás actores de la sociedad para llegar a un bien común", mencionó Camila.

Analy Corella y Camila Escobar, son las promotoras de este proyecto. Foto: Carlos Granja Medranda

Talleres que transforman vidas en Quito

Ese día, los abuelitos cortaban trozos de huevo, pelaban granos. Hombres y mujeres revolvían grandes ollas. Se disponían a comer la tradicional fanesca de Semana Santa.

Sin embargo, el taller gastronómico no era el único que iban a recibir, porque desde la academia tienen pensado enseñarles, incluso el arte de la comunicación.

“Estamos con clases de periodismo para ellos y todos están escribiendo un libro, ya que muchos de ellos no pudieron cumplir el sueño de ser lo que les gustaba y con base en esto, ellos pueden contar historias, dar consejos y disfrutar su momento", acotó Camila.

Gustavo Vargas, 77 años, fue profesor de artes marciales en la Federación de Tungurahua y de Pichincha. Hoy, retirado de la profesión, siente mucho orgullo de lo que ha dejado y plena convicción de que tiene muchos años para seguir molestando, dijo el hombre.

Los talleres tienen la función de recorrer varios espacios de Quito y buscar alianzas estratégicas para que más personas de la tercera edad sean beneficiadas. (I)