El miedo por la inseguridad, la obra pública y las pugnas políticas entre la Alcaldía y el Gobierno nacional son temas de los que la gente habla cuando transita por las principales calles de Quito.
El centro histórico y el hipercentro de la capital se llenan de ciudadanos que miran con puntos diversos e incluso inconformidad la actual situación de la urbe.
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Varios con optimismo, otros con críticas y algunos con preocupación, sobre todo quienes tienen más años habitando en Quito, para quienes antes era raro escuchar de asesinatos, extorsión y secuestros.
Rodrigo Polanco, quiteño, opinó sobre el problema de seguridad, cuya competencia es estatal. Destacó que un índice por considerar es la zozobra que han causado varios eventos en la población. “De acuerdo con todas las estadísticas e índices establecidos, nos ha afectado la seguridad. Basta con salir y ver a la gente: todo el mundo camina con cautela y precaución, cosas que no pasaban antes”, mencionó el hombre.
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Quito cerró el 2025 con el 2,7 % de los homicidios a nivel nacional, con un crecimiento de los actos de violencia y otros delitos.
Aseguró que parte de la solución, viendo cómo están las cosas a nivel político y municipal, es que la ciudadanía no se exponga y se cuide entre sí.
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Obras que avanzan a paso lento
Para Joaquín Polanco, este tema es la base de todo. Para él, es necesario sanear esa arista y luego iniciar obras que beneficien a la urbe.
“Se están haciendo muchas obras, pero se toman demasiado tiempo. El tráfico en Quito es terrible. Las personas se demoran hasta dos horas para trasladarse de norte a sur por las obras. No sé si es un tema de ahorro o de seguridad por el que no trabajan las noches”, mencionó Joaquín.
Por otra parte, la mendicidad y el trabajo informal todavía afectan a ciertos sectores.
El centro histórico es uno de los más perjudicados, con 8.000-10.000 personas que viven en situación de calle, según el Patronato San José.
Mariela Ortega, trabajadora de una cafetería, consideró que no percibe un plan para mitigar este fenómeno.
“Yo paso muchos años por aquí, por el centro. Siempre he trabajado acá y veo muchos niños, personas indigentes y venta ambulante. No existe un plan para rescatar a estas personas. Es malo para la ciudad, porque lo que nos mueve es el turismo”, mencionó.
Una cadena conecta con la otra. El abandono y la gentrificación han contribuido a este fenómeno y también lo han sufrido barrios tradicionales de Quito.
“El Quito moderno es lindo, la infraestructura atrae mucha gente y con ello la seguridad también. Pero en varios puntos, como La Mariscal, la avenida 10 de Agosto y, en sí, todo Quito, sentimos ese abandono de las autoridades”, señaló Carlos Aguirre.
Gestión municipal y reclamos ciudadanos
El no poder salir a la calle en determinadas horas ha alejado a los llamados ‘nuevos quiteños’, según Esthela Sánchez, quien añadió que también se han perdido las buenas costumbres.
“Todos sabemos que las épocas cambian y Quito no es la excepción. Se han perdido tradiciones antiguas que se trabajó por mantener, pero las nuevas generaciones tienen otras expectativas. No podemos cambiar el paso de los años ni el cambio de mentalidades”, opinó.
El mapeo a doce quiteños llegó hasta Erick Quishpe, quien apuntó contra el transporte público y los problemas que enfrenta a diario como usuario.
“Es un tema que hay que mejorar por completo: la educación de los choferes, cómo conducen y la cultura vial. Incluso eso ayudaría al tráfico, porque se quedan esperando pasajeros y provocan un caos vial impresionante en horas pico. Debemos comenzar por los choferes y aumentar rutas en zonas de difícil acceso”, contó.
El Metro de Quito cumplió dos años de funcionamiento el pasado 1 de diciembre.
Para Erick, es una gran obra, pero la falta de aire acondicionado y el hecho de que solo beneficie a un sector de la población restan impacto a su magnitud.
En torno a la gestión municipal, Nuria Guerra hizo señalamientos a la gestión actual de la Alcaldía.
“Para mí, la gestión deja mucho que desear. Debió empoderarse de Quito y recuperar la identidad. No como el último, que dejó las obras a medias y ahora quiere justificar. Si quiere postularse nuevamente, tendría que rectificar al ciento por cien”, apuntó.
A este comentario se sumó el de Marco Ávila, jubilado, que frecuenta la plaza Grande. Él insistió en que se intensifique el trabajo desde la Administración local. “Quito debe estar bien organizado. Veo que en algunos barrios se va el agua, la luz”, expuso.
Germania Samaniego, también jubilada, reclamó la falta de oportunidades o alternativas para quienes dejaron de trabajar pero buscan sentirse útiles en la sociedad.
“La planificación es mala. No se ha hecho nada, ni por los adultos mayores que estamos aquí en la plaza Grande ni por las nuevas generaciones”, mencionó.
Para Alisson Villamarín, estudiante de 22 años, las opciones para independizarse son mínimas.
El alto costo de vida, el arriendo y la vivienda han afectado progresivamente.
“Es complicado. El costo de vida ha aumentado bastante y existe abandono estatal en barrios tradicionales, donde las edificaciones están en malas condiciones y los arriendos elevados”, manifestó.
Abigail Ramos, joven quiteña, habló sobre el ambiente y cómo Quito, desde su perspectiva, ha involucionado.
“Siento que en ciertos sectores ha mejorado, pero en la mayoría se mantiene un abandono fuerte. La innovación en el transporte público y la reducción de emisiones ha sido un acierto, pero de nada sirve si en sectores periféricos no existe intervención, como la disposición de basureros y el control de vehículos contaminantes”, concluyó Ramos. (I)