Profesionales y estudiantes prefirieron dejar de lado el transporte de buses convencionales, por la falta de cobertura necesaria o para evitar hacer trasbordos, y optaron por un recorrido que los lleve puerta a puerta. A ello se suman varios factores como comodidad, rapidez, puntualidad y servicio confiable.

Para ello, por ejemplo, un grupo de personas de al menos seis dependencias estatales se unieron para contratar un bus, dividir el valor, completar un cupo y que el gasto sea más conveniente.

Ese es el caso de Soledad, quien vive en el valle de los Chillos y trabaja en la plataforma financiera del Sur, quien contó que sus otros compañeros de recorrido viven, sobre todo, en sectores de Conocoto y de la vía al Tingo.

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Para que siempre haya viajeros, hacen publicaciones en redes sociales, pegan papeles en ascensores o en los baños.

Inicialmente viajaban en un bus institucional, después en uno de color blanco, pero tras un operativo y al no estar habilitado para ofrecer ese servicio, buscaron otro. Actualmente se desplazan en un microbús para 25 personas, aunque están 23. Pagan $ 53 mensuales, $ 1.200, y si es que la persona solo hace un viaje, debe pagar $ 2.

Hay horas programadas en las paradas; por ejemplo, a las 06:40 el vehículo sale de la ESPE, 10 minutos después llega a San Juan, y consecutivamente sigue por Ilaló, San Gabriel, Lola Quintana, hasta llegar a su destino a las 07:45.

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La primera persona que se sube al bus comparte la ubicación en un grupo de chat de una aplicación y todos saben que tienen que estar en su respectiva parada a la hora estimada y, como máximo, se puede esperar un minuto por cada persona; caso contrario, se atrasarían.

Recordó que el pasado martes 5 de mayo, cuando un grupo de transportistas decidió paralizar sus operaciones entre las 06:00 y las 08:00, hubo tanto tráfico, que lo atribuyó a que muchos tuvieron que desplazarse en sus propios carros, se atrasaron. Sucedió lo mismo en el primer día del toque de queda porque el conductor realizaba otro recorrido a una fábrica.

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Otra de las complejidades es que en la zona en la que trabajan no hay parqueaderos cercanos y los que hay cuestan $ 60, sostuvo. Además, hay casos en los que vehículos de personas que los han dejado en lugares cercanos han sufrido choques o les han dañado los espejos.

“Te conviene mejor ir en el bus que pagar parqueadero o gasolina y todo eso”, dijo. Su trayecto dura alrededor de una hora, en tanto que si fuera en bus convencional, estimó que se tardaría unos 15 minutos más.

Contó que ella hace la coordinación de quienes van en su recorrido, divide el valor, le depositan hasta el día 5 de cada mes y hace lo propio en la cuenta del conductor, por lo que no hay morosos.

Transporte puerta a puerta desde la Universidad Central

Desde la zona de la Universidad Central también hay servicio de transporte puerta a puerta en casi todo el Distrito Metropolitano, con Machachi como punto estratégico.

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Ernesto Soria, quien hace la coordinación de un grupo de transportistas con 42 unidades e igual número de socios, que prestan el servicio en la mañana y en la noche, expresó que es de preferencia para estudiantes, pero también para profesionales como médicos o abogados.

Organizan grupos en aplicaciones en cada ruta. Tienen 55 rutas más o menos a diferentes sitios y sectores dentro de Quito y fuera, como Machachi, hasta Amaguaña en el valle de los Chillos, Tumbaco hasta El Quinche.

También hacia Calderón, San José de Morán, Carapungo, San Juan, Oyacoto, Mitad del Mundo.

Hay dos horarios: matutino, en el que se deja a los estudiantes antes de las 07:00, y el retorno de Quito a partir de las 18:30.

Aquel que va a usar todos los días paga de manera mensual $ 40, y el que va a utilizar uno, dos o tres días a la semana, el pago es diario.

El valor que cobran se establece considerando la distancia; así, para Machachi, Alóag, Aloasí y todos los alrededores, el costo es de $2.

Para su trabajo han hecho trámites en el Municipio de Mejía, presentando documentación de las unidades.

Según Soria, el transporte es seguro, garantizado y directo, pues cierran sus puertas y se van a dejar a las personas, evitando el riesgo de la delincuencia.

Las unidades son de color amarillo y negro, cuyas capacidades son para 38 o 40 personas, y para el centro urbano de Quito, furgonetas. (I)