Tras un portón negro, escondido en el norte de Quito, está la casa de Arturo Andrade, un hombre de 59 años a quien la vida le cambió cuando vio en la madera su pasión.
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Sus ideas nacen de diferentes formas. Investigando en internet descubre figuras fabulosas, pero para encontrarlas bajo la madera, él plasma su identidad.
Tras un portón negro, escondido en el norte de Quito, está la casa de Arturo Andrade, un hombre de 59 años a quien la vida le cambió cuando vio en la madera su pasión.
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El organismo, tal como funciona actualmente, se creó en la Constitución de Montecristi, en vigencia desde hace más de 17 años.
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(...) todo eso no se entiende sin la complicidad de personas desde el interior del régimen venezolano.