El obispo de Esmeraldas, Antonio Crameri, realizó un llamado a la reflexión y a la transformación social durante la misa campal celebrada este viernes, 3 de abril, tras la procesión del Cristo crucificado.
Instó a la ciudadanía a abandonar la lógica de la violencia y a apostar por una cultura basada en la vida, la solidaridad y el respeto a la dignidad humana.
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El pronunciamiento, inspirado en el mensaje del cardenal de Nápoles, Mimmo Battaglia, tuvo un marcado contenido social y espiritual, en el que el prelado abordó la compleja realidad que atraviesa el país, con especial énfasis en la provincia de Esmeraldas.
La procesión del Viernes Santo en Esmeraldas clamó para que cese la violencia fronteriza
Durante su homilía, Crameri se dirigió de manera directa a quienes han convertido la violencia en un mecanismo de poder y lucro, a quienes calificó como “mercaderes de la muerte”, responsables de amenazar, extorsionar y quitar vidas mientras obtienen beneficios económicos a costa del sufrimiento de la población.
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El obispo cuestionó además las estructuras que justifican estas prácticas bajo discursos económicos o de seguridad, señalando que, desde la visión del evangelio, es un sistema que destruye la vida.
En ese contexto, retomó la crítica al modelo que ha sido calificado como un “sistema económico que mata”, en concordancia con posturas del papa León XIV.
Una provincia marcada por múltiples crisis
En su mensaje, el líder religioso describió a Esmeraldas como una tierra que “tiembla”, no solo por su geografía, sino por las diversas problemáticas que la afectan, entre ellas la pobreza persistente, la falta de acceso a servicios básicos, la contaminación ambiental, el avance de la minería ilegal y el incremento de la violencia.
Asimismo, advirtió que estas situaciones impactan con mayor fuerza a los sectores más vulnerables, como niños, mujeres, comunidades afrodescendientes e indígenas, quienes enfrentan condiciones de exclusión, desplazamiento y pérdida de sus territorios.
El dolor de la población
Crameri puso énfasis en las consecuencias humanas de esta realidad, reflejadas en madres que lloran a sus hijos asesinados, familias fragmentadas, migrantes obligados a abandonar su tierra y adultos mayores en situación de abandono.
En ese contexto, afirmó que el sufrimiento del pueblo representa una “crucifixión contemporánea”, marcada por la injusticia, la corrupción y la violencia.
Llamado a la reconciliación y la paz
El pronunciamiento concluyó con una invitación a recuperar valores fundamentales, priorizar el bien común y construir un futuro donde prevalezcan la vida, la justicia y la paz.
En esa misma línea, la diócesis de Tumaco exhortó a fortalecer procesos de verdad, justicia, reparación y no repetición, promoviendo espacios de acogida y solidaridad que permitan a las víctimas ser reconocidas como sujetos de derechos.
Además, planteó impulsar procesos formativos, especialmente con jóvenes, para reconstruir el tejido social y avanzar hacia la reconciliación. (I)