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‘No es inminente una erupción del volcán Cotopaxi; sin embargo, sí hay que considerar la historia eruptiva’: Hugo Yepes, sismólogo y asesor de la Alcaldía de Quito

La Secretaría de Riesgos declaró en octubre del 2022 el estado de alerta amarilla para la zona de influencia del coloso. En la capital se arman planes.

Hugo Yepes fue director del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional y es asesor de la Alcaldía de Quito. En una entrevista se refirió a las acciones que se realizan en la capital frente a la actividad del volcán Cotopaxi. Carlos Granja Medranda / EL UNIVERSO Foto: Carlos Granja Medranda

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La Secretaría de Riesgos declaró en octubre del 2022 el estado de alerta amarilla para la zona de influencia del volcán Cotopaxi.

La alerta amarilla se declaró bajo el principio de precaución, con la finalidad de mantener y fortalecer el monitoreo y las actividades de capacitación, prevención, preparación y respuesta necesarias, indicó el Gobierno.

Quito es una de las ciudades que están siendo afectadas en los últimos meses por una caída leve de ceniza, y sus autoridades realizan un seguimiento continuo.

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Hugo Yepes es asesor de riesgos de la Alcaldía de Quito. Fue director del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional (EPN) durante quince años. Es sismólogo y geólogo, y obtuvo un Ph. D. en Ciencias de la Tierra.

En una entrevista con este Diario se refiere a las acciones que se están realizando en la capital.

Desde el año pasado, en octubre, cambió la alerta del volcán Cotopaxi. A raíz de esta decisión, ¿qué se está haciendo en el Municipio de Quito?

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Una alerta amarilla implica la necesidad de todas las instituciones y de los GAD (Gobiernos autónomos descentralizados) de establecer el nivel de preparación que se tiene frente a este fenómeno, que es en realidad una necesidad de una preparación permanente; y, de alguna manera, es revisar, desempolvar los planes de respuesta y los planes preparativos para una potencial respuesta a un impacto dado del volcán.

Desde octubre, el Municipio ha estado trabajando en dos frentes. El uno, atendiendo y respondiendo a lo que es la organización de la gestión de riesgos. Ha estado respondiendo, atendiendo los requerimientos tanto del COE (Comité de Operaciones de Emergencia) nacional como del COE provincial.

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Pero, por otro lado también, dentro de lo que ya son los preparativos o las acciones para entender mejor el problema y prepararse de acuerdo a la magnitud de los potenciales problemas.

El Municipio lo que ha establecido es una estrategia para, desde el conocimiento del riesgo, ir haciendo las diferentes acciones de preparación de manera específica.

Ha desarrollado lo que se llama el “modelo de exposición multiamenaza y multipropósito”, y ese modelo implica conocer las amenazas desde el punto de vista territorial; y a cada una de las edificaciones, a cada uno de los lotes, el darles una característica en función de esa amenaza.

Con el volcán Cotopaxi se ha empezado a trabajar con el modelo de exposición y las zonas de impacto de las amenazas, que son provistas por los mapas de peligro.

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Es básicamente el escenario de impacto de una erupción similar a la de 1877, transitando por el lado norte del volcán, que implica una erupción grande. Y, entonces, uniendo la amenaza con la exposición, vemos qué está expuesto y (cuáles) son los planos que se tienen que pulir y que se tienen que activar en caso de necesidad.

“Cualquier gobierno ecuatoriano y la ciudadanía deberían estar preparados para una inminente erupción fuerte del volcán Cotopaxi”

¿Cuándo estarían listos estos planes?

El Concejo (Metropolitano) ha dado un plazo de dos meses, desde la semana pasada, para que esos planes estén listos. Pero la parte importante es que estos son planes que se están construyendo participativamente con los sectores involucrados, dándole toda la importancia que tiene al sector privado, porque el sector privado en muchos temas de la gestión de riesgo está mencionado, pero no está involucrado.

Aquí, el direccionamiento que se está estableciendo es que esos planes de riesgo se construyan con la participación de quienes están en riesgo; y el gran porcentaje, a más de la infraestructura que se pueda haber construido desde el Estado, son quienes viven en el territorio y son las personas, las familias, pero todas las actividades que realiza el sector privado.

En el tema de la productividad, hemos empezado a organizar una mesa para ver desde el sector productivo cuáles son las implicaciones que tiene una potencial erupción, y el principal tema que aportamos al análisis, un problema de conectividad en el Distrito Metropolitano, y en la parte norte del país es muy grande, porque flujos de lodo como estos pueden afectar a todos los puentes que están sobre los ríos Pita, San Pedro y Guayllabamba, haciendo que haya una separación física total entre el este y el oeste de la ciudad de Quito.

Está en entredicho la accesibilidad, por ejemplo, al aeropuerto. Los mercados de las provincias de Cotopaxi y del sur de la Sierra tendrían que buscar otros caminos para poder llegar a la ciudad; los mercados de la zona de Cayambe no podrían llegar a los mercados de Quito por esta falta de conectividad.

El otro tema es cómo buscar desde el sector privado los preparativos necesarios para poder continuar las actividades en un momento de incertidumbre y de impacto.

De incertidumbre porque las alertas naranjas o rojas implican suspensión de ciertas actividades, pero no implican necesariamente la materialización del impacto, porque pueden ser alertas o alarmas que no lleguen finalmente a la materialización.

Ya vimos cómo la pandemia afectó mucho a las empresas y a la relación obrero-patronal por la falta de ingresos; lo aprendimos también en la erupción del Tungurahua. Entonces, cómo generar el ambiente adecuado para tener una legislación o una manera de relacionamiento entre las empresas y sus funcionarios en un momento en que no hay ingresos, pero se tiene que pensar que la vuelta a la normalidad tiene que volver a generar los mismos ingresos.

Entonces, un tema de preservar el empleo, la producción y la provisión de bienes y el consumo, sobre todo, alimenticios y de salud.

¿Qué zonas del Distrito Metropolitano podrían ser afectadas?

Estamos hablando de los drenajes del río Pita, Santa Clara, en el valle de los Chillos que se unen, y se unen con el San Pedro, que viene desde el lado occidental del Pasochoa, continúan en el San Pedro hasta su unión con el Machángara y luego hasta el Pisque para formar el Guayllabamba y aguas abajo.

Todo esto afectado por los lahares tendría un impacto muy severo, destrucción total, y lo más evidente: la destrucción de puentes, la inhabilitación de la represa Manduriacu, las afectaciones a la generación eléctrica de Guangopolo, a postes de luz, transformadores.

Ventajosamente, el agua de Quito desde el año 2002, la concientización que se llevó a cabo desde la Escuela Politécnica Nacional sobre el riesgo fue tomado por la Empresa de Agua Potable, y finalmente, a raíz de la erupción del 2015, construyó baipás para evitar el riesgo en los sifones que pasan en la conducción de los sistemas de agua potable.

Declaran alerta amarilla por la actividad del volcán Cotopaxi

¿Es inminente una erupción del Cotopaxi?

No, no es inminente. El Cotopaxi está en un estado sostenido de actividad leve, con sus altos y bajos, mostrando —tal como lo informa el Instituto Geofísico— una leve tendencia a ser cada día un poquito más o cada semana un poquito más, pero en realidad vemos unos altos y bajos que se caracterizan por una emisión leve de ceniza, y los informes del Geofísico muestran que no hay unos síntomas de inyección de magma desde las zonas profundas, que harían prever cambios en el corto, mediano plazo.

Sin embargo, sí hay que considerar, y muy seriamente, la historia eruptiva del Cotopaxi, en donde los periodos de máxima actividad eruptiva que conocemos —por historia escrita—, que son los de 1740, aproximadamente, hasta 1770 más o menos, empezaron así de manera lenta, pero incluyeron en esos 30 años erupciones grandes, pero también erupciones de escala menor, pero también muy peligrosas; y luego el periodo empezó antes de 1850, pero que tuvo desde 1854 flujos de lava hasta la erupción de 1877, que es nuestro modelo sobre el cual trabajamos el riesgo, y terminó con erupciones todavía visibles a principios del siglo XX.

Estos dos grandes periodos empezaron así. Entonces, de ninguna manera podemos descartar o minimizar la posibilidad de que esto, que empezó en 2015 con síntomas claros en el 2002, no vaya a evolucionar hacia fases de actividad mucho más explosiva.

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Esta erupción de 1877, que es el modelo que están utilizando, ¿qué características tuvo?

Fue una erupción de lo que se llama “índice de explosividad 4″. El índice es una medida de la magnitud de las erupciones, y básicamente es una escala de números del 0 al 8, y que va incrementándose en cada grado un orden de magnitud en lo que significa volúmenes.

Entre los productos eruptivos incandescentes que descongelaron los glaciares y la generación de lahares.

En los lahares que transitaron por el drenaje norte, en la zona del río Pita, luego del río San Pedro, llegaron hasta Esmeraldas en 18 horas.

Estos flujos no solo que eran así muy grandes y muy caudalosos, sino que también iban con velocidades del orden de los 30 kilómetros por hora; y no es agua, sino que está constituido por rocas muy grandes que van embebidas en un lodo que tiene la misma consistencia que el concreto. La posibilidad de sobrevivir a ese tipo de fenómenos es nula, y la posibilidad de resistir a eso también es casi imposible.

El ejemplo más claro es el caso de Armero, en Colombia, en 1985, en una erupción del Nevado del Ruiz donde murieron 22.000 personas. (I)

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