La lucha global contra el párkinson liderada por el actor Michael J. Fox llega a Manabí. Un estudio internacional, ejecutado en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (Uleam), busca descifrar las variantes genéticas de la población ecuatoriana para entender mejor la enfermedad y avanzar hacia tratamientos más precisos.

La iniciativa Estudio Genético de la Enfermedad de Parkinson en Ecuador se ejecuta en la Uleam bajo la dirección del investigador Faryd Llerena Toro, quien lidera un equipo que analiza la relación entre genética y párkinson en Ecuador.

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El objetivo es identificar siete genes específicos asociados a la enfermedad dentro de la población ecuatoriana. Esta información permitirá entender cómo se manifiesta el párkinson a nivel local y qué factores genéticos influyen en su progresión.

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Hasta ahora, los estudios a nivel mundial han identificado genes vinculados a la enfermedad en distintas poblaciones. Sin embargo, Ecuador no cuenta con una caracterización propia. Ese vacío científico impulsa esta investigación, afirmó.

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Llerena lo resume en términos claros: conocer los genes permitirá orientar tratamientos más adecuados según cada paciente. Además, facilitará anticipar la evolución clínica de la enfermedad.

El factor Michael J. Fox

El proyecto recibe financiamiento internacional del consorcio Large-PD, junto con la fundación de Michael J. Fox, uno de los principales referentes mundiales en la lucha contra el párkinson.

Fox es un reconocido actor, autor y activista canadiense-estadounidense, mundialmente famoso por interpretar a Marty McFly en la trilogía Volver al futuro.

El actor fue diagnosticado a los 29 años y desde entonces impulsa investigaciones para mejorar la calidad de vida de los pacientes. Su fundación se ha convertido en uno de los mayores financiadores de estudios sobre esta enfermedad.

Muestras de Manabí hacia EE. UU.

El proceso combina trabajo local con análisis internacional.

Yerena dijo que el equipo recoge muestras de ADN en Ecuador y luego las envía a Estados Unidos para su genotipificación (proceso de laboratorio que identifica variantes específicas en el ADN), debido a la falta de laboratorios certificados en el país para este tipo de pruebas.

Este procedimiento forma parte de un esfuerzo coordinado con el consorcio internacional Large-PD, que ya opera en países como Brasil, Argentina y Perú.

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Agregó que el análisis genético permitirá comparar los resultados ecuatorianos con otras poblaciones. Así se podrán identificar similitudes, diferencias y patrones específicos del país.

Un beneficio sin costo para los pacientes

El estudio contempla la participación de 300 voluntarios: 150 pacientes con diagnóstico confirmado de párkinson y 150 personas sanas (grupo control).

Hasta ahora, el equipo ha reclutado cerca de 90 pacientes confirmados.

Yerena contó que uno de los aspectos clave es que el proyecto ofrece asesoría genética gratuita. Los participantes reciben sus resultados y la orientación de un neurólogo certificado en consejería genética.

Además, el trabajo se articula con el Instituto de Neurociencias, lo que facilita derivaciones a tratamientos complementarios, como fisioterapia, según la condición del paciente.

Diagnóstico y tratamiento: el valor de la genética

El experto señaló que el párkinson no tiene cura, pero sí hay tratamientos que mejoran la calidad de vida. En este contexto, la genética cumple un rol determinante.

Identificar los genes predominantes en la población permite:

  • Estimar la severidad de la enfermedad
  • Prever su progresión
  • Ajustar tratamientos según el perfil del paciente

“Sin esta información, los médicos trabajan con menos precisión. Por eso, el estudio apunta a reducir esa incertidumbre clínica. También abre la puerta a evaluar el riesgo en familiares, ya que algunos casos pueden tener un componente hereditario”, expresó.

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Crece el interés en todo el país

Aunque el proyecto se inició en marzo de 2026 con alcance limitado a Manta, Portoviejo y Quito, la demanda superó las expectativas.

Yerena indicó que pacientes de distintos lugares, como Loja, Ambato y zonas rurales de Manabí, ya se han registrado.

Hasta ahora, el equipo ha reclutado cerca de 90 pacientes confirmados, aunque ha evaluado más de 100 casos. En varios, el diagnóstico inicial resultó incorrecto, lo que revela problemas en la detección de la enfermedad, señaló.

Actualmente, Ecuador no cuenta con cifras precisas sobre la prevalencia del párkinson. Existen estimaciones basadas en encuestas, pero no datos clínicos sólidos, afirmó Yerena.

“El estudio podría convertirse en el primer paso para dimensionar el impacto real de la enfermedad en el país. Además, cada vez aparecen casos en personas más jóvenes, aunque la enfermedad suele manifestarse después de los 50 años”, añadió.

La mirada clínica de un neurólogo

El neurólogo Michael Castelo, parte del equipo del estudio en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (Uleam), explicó que esta investigación marca un precedente en el país.

“El país no tiene criterios específicos ni estudios concluyentes sobre la base genética de la enfermedad. Este proyecto busca responder precisamente a eso”, señaló.

Desde la práctica clínica, Castelo subraya que el párkinson no responde a un solo patrón. La enfermedad suele aparecer entre los 55 y 65 años, pero también se presentan casos tempranos, incluso desde los 25 o 30 años.

“La diferencia está en los genes. Cada uno tiene características distintas y define cómo se manifiesta la enfermedad”, explica.

Algunos genes se asocian a deterioro cognitivo, otros a rigidez o temblores predominantes. Incluso, ciertas variantes mantienen relación con otras patologías neurodegenerativas como el alzhéimer o con condiciones más complejas.

Síntomas del párkinson

El especialista detalla que el párkinson es una enfermedad neurodegenerativa crónica, clasificada dentro de los trastornos del movimiento. Presenta síntomas característicos que permiten su identificación clínica.

Entre los principales signos destacan: temblor en reposo, lentitud de movimientos (bradicinesia), rigidez muscular e inestabilidad postural

A estos se suman síntomas no motores, como depresión, insomnio o alteraciones de la presión arterial, que también afectan la calidad de vida del paciente.

“Los primeros cuatro síntomas son los más específicos para el diagnóstico”, precisa Castelo.

Castello enfatiza que el estudio no solo aportará conocimiento, sino que también podría influir en el desarrollo de nuevas terapias.

“Esto va a facilitar tratamientos más específicos y, a futuro, podría impulsar la aparición de nuevos fármacos”, explica. (I)