Indignación, molestia, incertidumbre, desesperación, frustración y más sentimientos invaden al personal médico del sistema sanitario en Loja, que mira con impotencia el vertiginoso incremento de contagios de COVID-19 y cómo a diario las muertes por el virus se lamentan más en la provincia.

Pablo Carrión, presidente del Colegio de Médicos, describió que el problema pandémico no tiene su origen en las semanas anteriores, pues desde que se declaró oficialmente en Ecuador en marzo de 2020 ha pasado más de un año y ha ido evolucionando en su manejo drástico en el mundo entero.

“Se han turnado en el manejo de esta cartera de Estado (coordinación zonal de salud), en una de las crisis sanitarias más graves de nuestro país, cinco jefes zonales que a la larga no dan continuidad a los procesos, que tampoco han sido informados al pueblo de cómo se va a llevar la pandemia y los procesos de inmunización, con errores garrafales como haberse introducido componentes de carácter político en puestos técnicos del Ministerio de Salud“, dijo Carrión.

En su alocución, el presidente del Colegio de Médicos de Loja también exclamó que la responsabilidad del Ministerio de Salud se trasladó a los COE cantonales, cuya acción y respuesta no las entienden (como médicos), pues no conocen los criterios que fundamentan la toma de decisiones adoptadas. Incluso piensan que hay otros intereses diferentes al de la salud en las decisiones que ellos adoptan.

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Carrión dijo que los médicos que piden el confinamiento total son conscientes de la difícil situación financiera del país y entienden la necesidad de trabajar, pero aclaró que la sobrevivencia de la comunidad y la lucha por la vida deben ser prioridad en este momento, porque no se puede hablar de un país que busque desarrollo con una comunidad enferma que a diario pierde a alguno de sus integrantes.

“Esta es la razón de nuestra preocupación, porque se suma a la falta de camas, la falta ya sentida de insumos médicos, de prendas de protección, de medicamentos; ya se habla en nuestra comunidad inclusive de la falta y limitación en el suministro de oxígeno, elemento vital para atender a los pacientes portadores de esta patología”, manifestó Carrión.

Además, hizo énfasis en que no quieren quedarse callados ante lo que ven todos los días en los hospitales. “La situación crítica lo exige, esto es, una cuarentena total obligada a la comunidad, de al menos dos semanas, que permita no solo proteger al personal sanitario que lleva sobre sus hombros la atención de los pacientes enfermos, sino evitar el colapso de las casas de salud”, refirió el presidente del gremio de médicos.

Mientras llegan las vacunas, los contagiados por COVID-19 siguen copando centros médicos públicos y privados, como Mediblue, en Puerto Azul, oeste de Guayaquil, para toma de pruebas y atención. Foto: José Beltrán.

Carrión llamó a las autoridades sanitarias a transparentar las cifras y datos de lo que ocurre en cada casa de salud, para que el pueblo conozca la gravedad del problema y frenar todo acto que conlleve la asociación de personas, hoy más que nunca, cuando circula una nueva variante de COVID-19 cuyas características de dispersión y letalidad son aún más amenazantes.

David Zúñiga, director administrativo del Hospital Manuel Ygnacio Monteros (HMYM,) del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), refirió que el número de pacientes es abrumador respecto a la necesidad de camas para la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y hospitalización. En su caso, cerca del 80% del hospital se transformó para atender la patología COVID-19, y no quieren convertirse al 100% porque el resto de patologías necesita atenderse también.

De las 15 camas que poseen en UCI, todas están ocupadas, y tienen 70 pacientes en hospitalización, de un espacio máximo para atender a 78 personas contagiadas del virus; además, pacientes que ameritan cuidados intensivos pero que están en lista de espera.

Gabriela Ruiz, coordinadora y representante de las clínicas privadas de Loja, dijo que en la red privada, de las 45 camas para UCI que lograron implementar para COVID-19, todas están ocupadas; es decir, si hay algún accidentado o de otra patología no lo pueden atender porque todo está para COVID-19.

“De las 45 camas (UCI) que tenemos en la red privada, todas están saturadas, y por cada cama de UCI están tres (pacientes) en lista de espera”, refirió Ruiz. (I)