Este domingo, 29 de marzo, los católicos están llamados a participar en la celebración del Domingo de Ramos para conmemorar la llegada de Jesús a Jerusalén. Tradicionalmente, los feligreses acuden a las diferentes iglesias con una diversidad de arreglos florales para ser bendecidos.
Durante las eucaristías que se han programado en los templos carólicos, los párrocos abordarán la pasión de nuestro Señor Jesucristo, según el evangelio de san Mateo 27, 11-54.
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Este texto bíblico, según reseña el portal religioso Vatican News, dice lo siguiente:
Jesús compareció ante el procurador Poncio Pilato, quien le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. Jesús respondió: “Tú lo has dicho”. Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Entonces le dijo Pilato: “¿No oyes todo lo que dicen contra ti?”.
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Pero él nada respondió, hasta el punto de que el procurador se quedó muy extrañado. Con ocasión de la fiesta de la Pascua, el procurador solía conceder a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás.
Dijo, pues, Pilato a los ahí reunidos: “¿A quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás o a Jesús, que se dice el Mesías?”. Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia.
Estando él sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle: “No te metas con ese hombre justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa”.
Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Así, cuando el procurador les preguntó: “¿A cuál de los dos quieren que les suelte?”. Ellos respondieron: “A Barrabás”.
Pilato les dijo: “¿Y qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías?”. Respondieron todos: “Crucifícalo”. Pilato preguntó: “Pero ¿qué mal ha hecho?” Mas ellos seguían gritando cada vez con más fuerza: “¡Crucifícalo!”.
Entonces Pilato, viendo que nada conseguía y que crecía el tumulto, pidió agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: “Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre justo. Allá ustedes”. Todo el pueblo respondió: “¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”. Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio, a Jesús lo hizo azotar y lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a todo el batallón. Lo desnudaron, le echaron encima un manto de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; le pusieron una caña en la mano derecha y, arrodillándose ante él, se burlaban diciendo: “¡Viva el rey de los judíos!”, y le escupían.
Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con ella en la cabeza. Después de que se burlaron de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.
Jesús es crucificado
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota, es decir, “Lugar de la Calavera”, le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no lo quiso beber.
Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes, y se quedaron sentados ahí para custodiarlo. Sobre la cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: ‘Este es Jesús, el rey de los judíos’. Juntamente con él, crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
Los que pasaban por ahí lo insultaban moviendo la cabeza y gritándole: “Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz”.
También se burlaban de él los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, diciendo: “Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues él ha dicho: ‘Soy el hijo de Dios’”. Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban.
Muerte de Jesús
Desde el mediodía hasta las tres de la tarde se oscureció toda aquella tierra. Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz: “Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?”, que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Algunos de los presentes, al oírlo, decían: “Está llamando a Elías”.
Enseguida, uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero los otros le dijeron: “Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo”. Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.
Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba a abajo, la tierra tembló y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y resucitaron muchos justos que habían muerto, y después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente.
Por su parte, el oficial y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, se llenaron de un gran temor y dijeron: “Verdaderamente este era Hijo de Dios”.
Reflexión del evangelio
Luego de leer este evangelio en las misas de este domingo, los sacerdotes reflexionarán con los feligreses sobre este texto de san Mateo.
Vatican News recuerda que en la homilía del Domingo de Ramos del 5 de abril de 2020, el entonces papa Francisco (+) -fallecido el 21 de abril del 2025- se refirió a esta lectura:
“En el Evangelio de hoy, Jesús en la cruz dice una frase, solo una: ”Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46). Es una frase dura. Jesús sufrió el abandono de los suyos, que habían huido. Pero le quedaba el Padre. Ahora, en el abismo de la soledad, por primera vez lo llama con el nombre genérico de “Dios”. Y le grita “con voz potente” el “¿por qué?” (…) ¿Y todo esto para qué? Una vez más por nosotros, para servirnos. Para que cuando nos sintamos entre la espada y la pared, cuando nos encontremos en un callejón sin salida, sin luz y sin escapatoria, cuando parezca que ni siquiera Dios responde, recordemos que no estamos solos. Jesús experimentó el abandono total, la situación más ajena a él, para ser solidario con nosotros en todo".
Evangelio que se abordará en las iglesias de Guayaquil
La Arquidiócesis de Guayaquil replicará otro extracto del evangelio de san Mateo: 26, 14-27,66, de acuerdo a la hoja dominical que se repartirá a los feligreses este 29 de marzo.
En este texto bíblico se narra la traición de Judas, quien acuerda entregar a Jesús por 30 monedas de plata. El extracto del versículo dice lo siguiente:
Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me darán si se lo entrego?“. Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.
El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: “¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?“. El respondió: ”Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: “El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”.
Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. Al atardecer, estaba a la mesa con los doce y, mientras comían, Jesús les dijo: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará“.
Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: “¿Seré yo, Señor?“. El respondió: ”El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!“.
Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: “¿Seré yo, Maestro?“. ”Tú lo has dicho", le respondió Jesús.
Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen y coman, esto es mi Cuerpo”. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: “Beban todos de ella...”
“... ¿Qué les parece?“. Ellos respondieron: ”Merece la muerte".
“Fidelidad al amor”
El texto de san Mateo subraya que “nada de lo que sucede escapa a al amor del Dios: incluso el rechazo, la injusticia y el silencio son asumidos por Jesús para abrir un camino nuevo de vida”, expresa Luis Cabrera, cardenal y arzobispo de Guayaquil, en la hoja dominical.
El religioso asegura, en este documento, que “no se trata de recrearnos en el sufrimiento ni de buscar culpables. La pasión no es un relato de violencia, sino de fidelidad. Jesús no muere porque Dios quiera el dolor, sino porque permanece fiel al Reino que anunció: un Reino de justicia, misericordia y verdad. En él, Dios transforma el odio en amor y la muerte en esperanza”.
Agrega que como comunidad “renovamos nuestro deseo de identificarnos con Jesús y con su causa, confiando en que la última palabra no es la cruz, sino la vida que Dios regala en la resurrección”.
Con la celebración del Domingo de Ramos, la Iglesia Católica da inicio a la Semana Santa o Mayor, lapso en el que se rememora la pasión, muerte y resurrección de Jesús. (I)